Por: Salomón Kalmanovitz

Los impuestos a la minería

Es difícil que la minería jalone a toda la economía nacional, como se supone en el plan de desarrollo que la considera como la locomotora más importante.

Las razones son varias: genera poco empleo, las divisas por exportaciones son reintegradas sólo para atender los gastos en pesos en que incurran las empresas, pero son suficientes para revaluar la tasa de cambio y frenar otras exportaciones manufactureras y agrícolas. Al mismo tiempo, los esquemas tributarios del país son muy generosos, dejando para el Gobierno una parte demasiado pequeña de la renta por recursos que son de la Nación.

Según un informe de la DIAN, las empresas petroleras pagaron de impuesto a la renta en 2010 la suma de $5,5 billones, lo cual representó sólo un 6,6% de su ingreso neto. De esa cifra, Ecopetrol pagó $3 billones, lo cual revela que para el país es bueno contar con empresas públicas que exploten sus recursos. Las deducciones que obtuvieron estas empresas fueron de $20,5 billones, una quinta parte por activos fijos. El retorno al patrimonio del subsector fue del 20% anual.

Entre tanto, la minería del carbón pagó sólo $470.000 millones en impuesto a la renta en 2010, representando un 4% de su ingreso neto. Obtuvo deducciones por $2,1 billones por sus activos fijos, parte de los cuales fueron inflados por transacciones que hacen las empresas con sus filiales en otros países. El retorno al patrimonio de las carboníferas fue de 14% anual.

La minería a cielo abierto del carbón y del oro es muy destructiva del medio ambiente, pues utiliza dinamita y químicos que lo degradan y deterioran las fuentes de agua cercanas o que corren debajo de los yacimientos. Aunque algunas de las empresas del sector tienen políticas de restaurar las condiciones ecológicas iniciales, a las demás les importa un bledo dejar la tierra bombardeada y a la población que vive en sus cercanías seriamente afectada por enfermedades pulmonares.

La minería es una actividad muy intensa en maquinaria que se ha visto particularmente beneficiada por la deducción en activos fijos. Con precios internacionales muy altos que surgen de la demanda de China, India y los países emergentes, con promedio de US$90 por barril de petróleo, US$130 por tonelada de carbón (que es rentable con un precio de US$40) y con US$1.650 la onza de oro, no era la mejor política otorgarles subsidios que van contra el presupuesto de la Nación a muchas empresas para que vinieran a explotarlos.

La DIAN encontró además que algunas de estas empresas inflan el valor contable de los activos fijos, incluyendo gastos como tales. Reciclan activos viejos ya depreciados e incrementan las provisiones aceleradamente sin responder a una racionalidad económica para incrementar sus costos, mientras conservan estos recursos en efectivo fuera del país.

Otras empresas disfrazan de legales equipos robados en Venezuela y Ecuador y los incluyen como activos fijos para aprovechar la deducción sobre los impuestos que debían pagar. Para ello sobornan a funcionarios de las aduanas, proliferando la corrupción y las malas prácticas. Inflan además los costos de los servicios contratados con ellos mismos o con sus abogados.

Las prácticas más rigurosas de la DIAN y los cambios marginales en la legislación tributaria darán como resultado un aumento del recaudo de cerca $12 billones (más de 2% del PIB) entre 2011 y 2010. Imaginen el impacto que tendría una reforma tributaria progresiva en el fortalecimiento del Estado.

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