Por: Marcela Lleras

Los íncubos y súcubos de la Episcopal

"EQUIPARAR A LOS HOMOSEXUAles con la familia es introducir un peligroso factor de disolución de esa institución y, con ella, del justo orden social".

Si están pensando que estas palabras vienen de un talibán proclamando el castigo de lapidación para quienes incumplan el mandato de Alá, se equivocan. Son palabras que están en el documento de la Conferencia Espiscopal de Colombia, cuyo secretario general es monseñor Córdoba. Vienen de unos “pastores” de la Iglesia Católica que deben divulgar el amor, la compasión, la caridad.

Este documento se suscitó porque la Corte Constitucional está estudiando una demanda al Código Civil para validar el matrimonio homosexual. En Latinoamérica, países como Argentina y México ya abrieron las puertas, y México fue más allá porque da a estas parejas la oportunidad de adoptar.

“Se crearía un ambiente proclive a la homosexualidad y aumentaría el número de ellos”. Primero: se refiere al aumento del número como si fuera una plaga de cucarachas. Segundo: ¿de dónde saca que abrir la puerta al matrimonio homosexual hará que los heterosexuales cambien su orientación? Que el matrimonio es sólo para la reproducción. No es cierto, porque muchas parejas heterosexuales deciden no tener hijos. Que el matrimonio homosexual será un “peligroso factor de disolución de la familia”. Falso. ¿O van a decir que en los matrimonios heterosexuales no hay violencia, maltrato y abandono?

Que como buen católico hay que tener sexo únicamente para reproducirse: pongámosle la lupa a muchos países donde la religión católica es la predominante y vemos que, dentro de los factores de la pobreza extrema, el que más contribuye es la falta de contracepción por mandato de la Iglesia.

Dice la sabia Iglesia Católica que científicamente se ha demostrado que los homosexuales se hacen, no nacen. Una teoría “científica” como la del cardenal López Trujillo, que dijo que en África, continente azotado por el sida, los condones no debían usarse porque no lo evitaban.

Colombia es un estado laico. Aunque un funcionario del DANE parece no saberlo. En su toma de decisiones, la Corte Constitucional se rige por la Constitución donde están explícitos los derechos fundamentales de los colombianos, hombres y mujeres, y los homosexuales son hombres y mujeres, cosa que el procurador Ordóñez parece no entender. Tal vez le iría mejor de monaguillo de monseñor Córdoba.

La homosexualidad no es un delito y tampoco lo es una relación homosexual, adulta y consensual. La pederastia sí es delito, y grave. Sin embargo, la Iglesia tolera y esconde en sus filas a curas pederastas, en lugar de castigarlos, y eso sí no la conmueve. Por eso siguen las violaciones de niños.

Si hay homosexuales que quieran casarse, las leyes deben permitirlo. Si quieren adoptar un hijo y cumplen con los requisitos para hacerlo, también. El mundo no está dividido entre heterosexuales y homosexuales, más bien está dividido entre gente buena y mala, sin importar su cultura, su religión y su orientación sexual.

 

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