Por: Armando Montenegro

A los indecisos, sin consejos

Esta campaña presidencial, como pocas anteriores, abre disyuntivas bien diferentes para el futuro de la democracia en Colombia.

Esto se debe, con razón, a la polarización que se ha dado alrededor de los dos temas centrales del debate político, estrechamente relacionados entre sí: (i) el papel del expresidente Uribe en el poder en los próximos años y (ii) el futuro del proceso de paz en marcha en La Habana. Muchos de los demás asuntos, determinantes en otras elecciones, ahora parecen secundarios. Con alguna razón, algunas personas piensan que ante la relevancia de estos temas, sería raro que alguien se decidiera a votar por Santos o Zuluaga por sus propuestas sobre las vías terciarias, la minería o el medio ambiente. Existen, sin embargo, otros puntos que merecen consideración.

Hay, por ejemplo, un asunto derivado de los dos temas centrales, que ha sido relativamente poco debatido, a pesar de que podría tener un impacto notable sobre la vida del país en los próximos años. Se trata de las relaciones internacionales. Aunque en esta materia los votantes ya saben cómo piensa y actúa Santos, no es del todo explícita cuál sería la orientación de la política internacional de Zuluaga, a pesar de sus planteamientos generales en los debates televisados. Creo que es justo decir que no se equivocarían los indecisos si anticipan que en este campo su gobierno sería, en la práctica, semejante al de Uribe, especialmente en lo que tiene que ver con los países vecinos.

Otro asunto que no se ha debatido en forma amplia, a pesar de su enorme importancia y de las diferencias en la forma de pensar de conocidos personajes vinculados a los candidatos, es el que se refiere a las libertades individuales, en asuntos como el de las normas que regulan el aborto, el matrimonio gay y otras semejantes. Cualquier indeciso, sin embargo, puede saber fácilmente cuáles son las preferencias de cada una de las campañas en estas materias.

Es probable que los programas de gobierno, detallados y completos, sobre una gama de políticas públicas, sólo se escribirán después de las elecciones del 15 de junio. En el caso de Santos, se podría esperar que, si triunfa, especificará sus planes sobre tópicos como la reforma a la justicia, la recuperación definitiva del sector de la salud y sus programas de desarrollo rural, un aspecto central de lo que podría ser su segundo gobierno. Si, en cambio, gana Zuluaga, su equipo tendrá que afilar el lápiz y concretar algunas de sus promesas electorales en temas como la velocidad del desmonte de la doble jornada de los colegios públicos (¿ese programa se concluirá en su gobierno?) y los montos, porcentajes y fechas para hacer realidad las promesas de aumentos salariales de maestros, médicos y militares. En cuanto el sector agropecuario, tendrá que especificar si las tasas de interés del 3% beneficiarán, sin excepción, a todos los agricultores (grandes y pequeños). También será importante saber si la rebaja del 50% de todos los insumos agrícolas será inmediata y si se financiará con recursos fiscales o privados.

Los pocos indecisos que quieren votar, no tienen más remedio que tomar sus determinaciones con base en la información disponible, después de considerar los agudos contrastes que ofrecen los candidatos, algunos de ellos poco o nada debatidos en el curso de la campaña electoral.

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