Por: Oscar Guardiola-Rivera

Los indignados

Un fantasma ronda a Europa … y a los Estados Unidos.

No es el que animaba, si alguna vez lo hizo, a nuestros guerrilleros trasnochados. Tampoco el que aterraba como niños a quienes gobernaron a Colombia durante la década pasada.

Su nombre: neo-conservatismo. ¿Su argumento? La búsqueda de la utopía socialista ha probado ser ineficiente en lo económico y totalitaria en lo político. Dado el uso que los socialistas hicieron del Estado para alcanzar sus fines, el Estado ha probado ser también ineficiente y totalitario.

La forma política superior es entonces un Estado mínimo, distante de los individuos, familias y compañías, que contratan entre sí en mercados ‘libres’. Este argumento, puesto en práctica en Latinoamérica por la fuerza de las armas, ha alcanzado su apogeo cuatro décadas más tarde en el Tea Party americano, el Partido Conservador Británico, y los populismos de derecha continentales.

¿Su receta? Desregular, privatizar, desincentivar el uso igualitario de la riqueza común, exceptuarse de la normalidad jurídica cuando ello resulte necesario, sacrificar a otros, y reemplazar la claridad del debate público entre concepciones diversas por la opacidad de la relación directa entre el líder decisor, sus fieles seguidores y la opinión.

¿El resultado? Un reciente reporte de la Resolution Foundation, anunciado en la prensa británica bajo el provocador título ¿Por qué el capitalismo ya no funciona?, ha reconocido que millones de personas de ingresos medios y bajos se enfrentan a décadas de estándares de vida cada vez peores, y verán sus esperanzas de acceso a los bienes más comunes desaparecer aún si la economía se recupera.

El reporte advierte que la clase política no ha despertado aún al peligro de lo que se viene, y carece de respuestas. Ello justifica la actitud de los indignados que ocupan las plazas y calles de España o la desesperación de Grecia, convertida hoy en “una neocolonia que ha hipotecado su soberanía al FMI”, tal como sucedió en Latinoamérica durante los ochenta, me dice el escritor Costas Douzinas.

El contraste lo proveen las roscas político-familiares cercanas al gobierno, prestas a mantenerse en el poder, proteger su propiedad, y su renta. Los enemigos del orden político son la parcialidad partisana y la corrupción, de familia, de partido, por la causa. Los colombianos estamos aprendiendo esa lección. En Estados Unidos, el republicanismo partisano podría negar la petición de levantar el techo a la deuda pública a menos que los demócratas acepten reducir el tamaño del Estado a niveles decimonónicos.

Lo impensable, una moratoria en la deuda estadounidense, podría ocurrir.  El neo-conservatismo es hoy parte del problema. No lo digo yo. Lo dice el conservador Francis Fukuyama, cuyo último libro nuestros conservadores harían bien en leer.

*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.

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