En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 1 hora
Por: Arlene B. Tickner

Los indignados somos todos

El movimiento español Democracia Real Ya, identificado también como "los indignados", constituye tan sólo el más reciente de una cadena de manifestaciones populares que se han apoderado del norte de África, Medio Oriente, Europa e incluso, parte de Estados Unidos.

¿Cómo clasificar la aparente “globalización” de la protesta social?  ¿Tienen algo en común las manifestaciones en contra de los regímenes autoritarios en el mundo árabe, la crisis económica en Europa, la represión en China o Irán, y el ahogo del sindicalismo en Wisconsin? Aunque la gente protesta en distintos lugares por motivos variados, el hastío global que el mundo está presenciando tiene como trasfondo la distancia que existe entre gobernantes y gobernados y el reclamo de que la política se haga de forma diferente.  

Se trata de un ejemplo vivo de la democracia deliberativa.  Como su nombre lo indica, ésta busca desbordar los mecanismos formales de la democracia representativa, que considera insuficientes, poniendo de presente la importancia de los procesos de deliberación colectiva.  Parte del supuesto de que la democracia constituye un concepto vacío en la medida en que la gente común y corriente no tenga acceso permanente al proceso político público y que las decisiones no se tomen con base en lo que más conviene a la sociedad como un todo.

La deliberación tiene dos caras.  La primera, institucional, se enmarca dentro de los procesos de formación de la opinión pública, y tiene como objetivo principal informar, consultar e involucrar a los ciudadanos en las decisiones de política pública promovidas desde el Estado. Algunos ejemplos son los famosos town meetings (o cabildos) en Estados Unidos y el modelo de presupuesto participativo que fue ensayado por primera vez en Belo Horizonte, Brasil, y que ha sido replicado por otros gobiernos municipales (incluyendo el de Medellín).

La segunda, “contestataria”, adopta generalmente la modalidad de desobediencia civil no violenta, o en momentos determinados, posiciones de fuerza (como ha ocurrido en Yemen) en procura de transformaciones más profundas de la política y la sociedad.   Los dos tipos de democracia deliberativa no son excluyentes.  De hecho, es interesante observar que la mayoría de los movimientos de protesta que se han visto recientemente nacieron primero como reivindicaciones políticas, económicas y sociales respetuosas de la autoridad estatal, y solamente adoptaron dinámicas contestatarias al no tener eco ante el Estado. 

“Nos sentimos decepcionados” y “Si  el Estado y los partidos quieren tener legitimidad deben acercarse más a los ciudadanos” son tan solo dos de las consignas de Democracia Real Ya que ponen de presente las similitudes de esta ola global de la democracia deliberativa.  Su espontaneidad,  su horizontalidad o estructura asambleísta, el protagonismo ejercido por los jóvenes, en su mayoría con altos niveles de escolaridad, y su concepto amplio de “ciudadanía” –las distintas manifestaciones han convocado por igual a desempleados, ancianos, intelectuales, estudiantes, obreros e inmigrantes por igual– constituyen otros aspectos compartidos.

Aunque es demasiado pronto saber si el momento actual de descontento y protesta tendrá un efecto real sobre la ideología promercado, la redistribución de la riqueza y la democracia, entre otros, lo cierto es que la democracia liberal está siendo sitiada por la deliberación ciudadana en todo el mundo, en donde los indignados somos todos.

 

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