Por: Dora Glottman

Los innombrables

Esta es una columna sobre unos hombres que me rehúso a nombrar. Los que en cuestión de horas pasan de ser anónimos destilando odio frente a un computador, a tener su propia página en Wikipedia y su foto en los periódicos y noticieros del planeta. Los que en lo que va del 2019 han protagonizado más de 250 tiroteos masivos en EE. UU., como los del fin de semana pasado en Texas y Ohio. Es decir, más masacres que lo que va de días este año. Hablo de “ellos” porque rara vez son mujeres y, aunque conozco sus nombres, me niego a escribirlos.

Prefiero recordar el de Álex Teves, un joven de 24 años que el 20 de julio del 2012 en Aurora, Colorado, invitó a su novia a cine. Se estrenaba la última película de Batman; era viernes, verano, parecía un buen plan. Había comenzado la función cuando un hombre, armado hasta los dientes, entró al teatro disparando indiscriminadamente. Cuando se le acabó la munición se dio media vuelta y se fue. Alcanzó a matar a 12 personas, entre ellas a Álex Teves, quien con su cuerpo salvó a su novia de correr con la misma mala suerte.

Ese día, los principales medios de comunicación en ese país empacaron equipos y maletas y se instalaron en Aurora. Fue así como los padres de Álex terminaron siendo entrevistados en directo en CNN. “Por supuesto que este es el día más triste de mi vida”, le dijo Tom Teves al periodista Anderson Cooper y añadió una frase que quedó sonando: “¿Por qué tenemos que decir el nombre del asesino? ¿No podemos simplemente referirnos a él como el ‘cobarde’?”.

Cuando volvió a suceder (porque lamentablemente siempre vuelve a suceder), en una universidad en Oregon en el 2015, el director de la Policía de Roseburg se negó a pronunciar en rueda de prensa el nombre del hombre que mató a nueve personas. Algo similar pasó en Virginia en mayo de este año, tras la muerte de 12 personas en un centro comunitario. El sheriff pidió a los periodistas solo mencionar el nombre del asesino una vez, una medida que fue adoptada por algunos medios de comunicación. El primero fue la revista People, otros siguieron su ejemplo.

Por supuesto que para los comunicadores es un dilema. La noticia de una masacre debe incluir un “quién” y “por qué”. Es información que permite una perspectiva más clara de lo que le pasa a una comunidad entera. Pero, así como se debatió dejar de dar los nombres de víctimas de abuso sexual, de niños victimizados y de suicidas, el debate sobre cuándo identificar a un asesino es válido. Nombrarlos no solo les da la fama que muchos buscan, sino que está comprobado que incita a otros a imitarlos.

Los padres de Álex Teves convirtieron su dolor en una causa. Publicaron un manual con sugerencias para los periodistas que cubren masacres. Proponen, por ejemplo, que si el asesino no está siendo buscado por la policía, su nombre solo se diga una vez y en un solo reportaje; que no se titule con su imagen y no se publiquen sus ideas.

Si su propuesta prospera, y ojalá que así sea, la muerte de Álex no habrá sido en vano y el mundo recordará no a los cobardes, sino a los valientes. Hombres como él, que en un arrebato de amor le dijo a su novia: “daría mi vida por ti”. Y así lo hizo.

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2019-08-09T15:35:31-05:00

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