Por: Hernán Peláez Restrepo

Los jóvenes

Por fin entiendo a los aficionados que faltando cinco minutos se alejan de las imágenes y del radio para evitar sorpresas de corazón.

Si en el primer tiempo no tuvimos claridad en maniobras ofensivas y sólo vimos cómo desperdició Teo una opción y lamentamos el trabajo de Ibarbo, que no por ello dejará de ser buen jugador, salimos bien librados con el empate parcial. Dudamos mucho en la salida de juego y salimos preocupados.

Menos mal en la complementaria apareció el pelado Quintero y retomamos el estilo de tener y retener la pelota y jugar por abajo en toque. Teo ubicó un pase gol para Quintero, quien definió como lo hacen goleadores y jugadores con recorrido. El otro joven, James Rodríguez, metió un cabezazo a la salida de un tiro de esquina y comenzó a correrse la cortina ante los africanos.

James, con sus 23 años frescos, y Quintero, con 21 años, aún más joven, impulsaron la clasificación del equipo. No puedo olvidar al veterano Yepes, quien con 34 años se lució, llamó la atención a sus compañeros, desempeñando el papel asignado a un capitán. Mandó y fue sobre Drogba o el mismo Gervinho. El gol conseguido por éste fue una demostración de atrevimiento, manejo de balón y seguridad para definir.

Lo anterior es importante decirlo porque se sabía de la capacidad de Costa de Marfil y de sus jugadores, y lo más importante para Colombia fue no traicionar el estilo ni extraviar los papeles. Jugar como se debe, respetando al contrario y sosteniendo los principios inculcados por Pékerman, quien retribuyó con este paso a quienes lo contrataron. Ya no preocupa averiguar si costó mucho o poco. No hay con qué pagar la alegría que está brindando esta selección. Más tarde sabremos cómo llega Japón a la última fecha. Dependerá de ellos ver cómo Pékerman da oportunidad a otros jugadores, porque si llegamos obligados a ganar, es lógico que sostenga esta alineación. Si no es necesario, se permite una licencia para modificar las líneas.

Por lo pronto es justo celebrar, olvidar, así sea momentáneamente, los problemas en la casa o en el país. Hoy comprendí a quienes se alejan de una pantalla o un radio. Es mucha la angustia, la presión, y nada como el pitazo final. Surgen los abrazos, los besos, los gritos, con personas que tal vez no conocemos. Es ahí donde el fútbol demuestra, desde la interpretación del himno nacional, lo que significa. Por los jóvenes, Quintero y James, vaya un brindis.

 

 

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