"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Por: Columnista invitado

Los jóvenes

Son muchos los elementos trágicos del atentado en Mánchester, Reino Unido, el pasado 22 de mayo. Pero quisiera enfocarme en uno de ellos: el perpetrador, Salman Abedi, tenía, apenas, 22 años y, a su vez, muchas de los muertos no pasaban de los 20 años de edad. Los jóvenes están siendo víctimas y victimarios en un mundo que les ha dado la espalda. Y eso amerita una reflexión, sobre todo, de los mismos jóvenes.

Como profesor universitario he podido percatarme de la aversión con la que los menores de 25 ven a la política. Dicen que eso no los involucra y tratan, en lo posible, de no hablar al respecto. Y esa es una equivocación mayúscula. Los jóvenes, reitero, están en medio de esta ola de violencia -o, mejor, de odio-  que sacude al mundo. Sea como soldados en guerras estúpidas, como suicidas enviados por hombres que nunca van a arriesgar, siquiera, su vida, o, simplemente, como víctimas.

Pero no hablemos solo de la guerra. Son los jóvenes, por ejemplos, quienes han padecido, como pocos, con los estragos de la globalización. Son ellos quienes padecen la precariedad laboral: la tal prestación de servicios, algo así como venderle el alma al diablo de la eterna incertidumbre para no caer en las manos de otro demonio, el del desempleo.

Lo hemos visto en Francia, donde la desocupación entre los menores de 24 asciende al 23,3%, y en Colombia, donde la cifra no es mucho mejor. Pero no sólo eso, desde el año pasado, los jóvenes han visto cómo los mayores de 65 años han decidido su futuro. Ocurrió en el Reino Unido, con el Brexit; en Estados Unidos, con la victoria de Donald Trump; aquí, en Colombia, con la victoria del No. Y todo esto ha ocurrido ante los ojos de una generación que se debate entre la indignación y la quietud, entre salir a marchar y conformarse, cómodamente, con una publicación de protesta en Facebook.

Pero, por supuesto, no es suficiente. Quisiera uno, ilusamente, que muchos jóvenes leyeran esta columna, pero no, no leen tanta prensa como uno quisiera. Y, sin embargo, no puede uno dejar de pensar en aquellos jóvenes que, creyendo ingenuamente que con el cartón basta, se van a enfrentar, de repente, a un sistema que no tiene para ellos sino un mísero salario (como bien lo demostró este mismo diario en un reciente -y recomendado- video). O pensar, cómo no, en esos jóvenes que iban a ver a Ariana Grande, de 23 años de edad, y terminaron en medio de una barbarie causada por alguien de su misma edad.

Se requiere de ellos, entonces, que den un paso al frente y tomen esta situación, este momento histórico, entre sus manos. Y no me refiero, exclusivamente, al voto. En el Reino Unido, por ejemplo, se vienen nuevas elecciones, pero, seguramente, Theresa May va a seguir en el poder y nada va a cambiar. Se trata de que los menores de 25 ejerzan como los ciudadanos que son.  Porque la advertencia es macabra: a los jóvenes los están matando. Y eso está ocurriendo aquí, en Europa, en Siria. Y lo ocurrido el pasado 22 de mayo es un recordatorio de ello. O, para no ir tan lejos, vale la pena mirar hacia Buenaventura. El panorama puede que sea distinto pero los muertos tienen la misma edad. 

Juan Sebastián Jiménez
 

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