Los límites de la antipolítica

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Estamos en momentos propicios para que cunda la antipolítica. Por un lado, se acaban de iniciar las sesiones del Congreso y, en un acto que pone de relieve una vez más las dinámicas autoreferidas de buena parte de nuestros liderazgos, aquel eligió como presidente a una persona profundamente cuestionada. Es lo que podríamos llamar “la coyuntura”. Por otro, el mundo atraviesa una terrible pandemia, en medio de la cual oímos diariamente el clamor por más técnica y menos política. Quisiéramos —muchos, casi todos— decisiones basadas en datos y no guiadas por intereses mezquinos de corto plazo.

Esto muestra que los instintos antipolíticos responden a problemas reales y encarnan aspiraciones genuinas. Sin embargo, creo que a la vez se basan en malentendidos bastante fundamentales y generan más problemas de los que solucionan.

 

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