Por: Jaime Arocha

Los luchadores Saramaka de Surinam

Por invitación del departamento de Antropología de la Universidad de los Andes, la semana pasada nos visitaron Richard y Sally Price, antropólogos norteamericanos cuya obra es indispensable para explorar y comprender las Áfricas que reinventaron los cimarrones en el Caribe. Dedicaré sendas columnas a las conferencias de cada uno.

A partir de su libro Rainforest Warriors (Guerreros del bosque tropical húmedo) Richard habló de las luchas que el pueblo Saramaka de Surinam inició durante los años de 1990 para recuperar su territorio ancestral, luego de que compañías madereras chinas lo invadieran y comenzaran a devastarlo. Al largo e intrincado proceso lo lideraron el jefe Wazen Edwards y el abogado Hugo Jabini, así como la “Asociación Autoridades de Saramaka”, apoyados por peritajes y traducciones de los dos Price. Culminó en 2008 con la sentencia vinculante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual reconoce cómo ese pueblo cimarrón alcanzó su independencia de la colonia holandesa en 1762, reivindicando sus propios sistemas de producción, jurisprudencia, gobierno, estética y espiritualidad. En consecuencia, obliga al Estado de Surinam a respetar y salvaguardar la autonomía territorial y política de la gente Saramaka y extiende a todos los pueblos tribales del mundo el derecho a la consulta previa, libre e informada, como instrumento fundamental para evitar las acciones etnocidas y ecocidas de transnacionales que pueden apelar al soborno y al fraude tributario con tal de logar sus fines.

Explicó que las ganancias de los aserradores clandestinos están a la par de las del narcotráfico. Que se valen de estrategias ágiles de golpear y huir (hit and run), para evadir controles gubernamentales, por lo cual, junto con las especies valiosas, dejan abandonadas a las que carecen de valor comercial para que se pudran en los estanques nauseabundos que dejan las maxitractomulas que transportan las trozas. De ahí la orden que Interpol emitió en 2012 para perseguirlas y cuyo seguimiento aparece en el reporte titulado Carbón verde, mercado negro: aserríos ilegales, fraude tributario y lavado de activos en los bosques tropicales del mundo .

Concluyó que el futuro de los Saramaka es incierto por las nuevas presiones que ejercen otras multinacionales, como las de la minería del oro. Además de las explotaciones a cielo abierto, le exigen a la cuestionada administración presidencial de Desí Bouterse hidroeléctricas y carreteras para optimizar la explotación y exportación del metal, poniendo en riesgo el territorio cuya salvaguardia era el propósito de la CIDH. La lentitud con la cual el Ejecutivo aplica la consulta previa contrasta con la celeridad para ofrecerles garantías a los megaproyectos de desarrollo. Algo similar podría decirse en Colombia a propósito de la implementación de la Sentencia T-025 y los autos que la Corte Constitucional emite desde 2004 para proteger los derechos a la restitución social y territorial de las víctimas étnicas del desplazamiento forzado, en general, y de los pueblos afrocolombianos en particular.

 

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