Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Los malos del paseo

Era previsible que el magistrado Gustavo Malo no renunciaría, porque para conjugar ese verbo con dignidad se requiere algo más que estar nombrado. En vez de ahorrarle al país la vergüenza de tener otro miembro de alta corte sentado en el banquillo de los acusados, optó por el escenario indigno de quedarse donde no lo quieren ni lo respetan.

De entrada hay que rectificar una verdad a medias del presidente de la Corte Suprema, porque no honra la realidad y que el país tiene que saber. La renuncia de Malo no fue pedida por unanimidad de todos los magistrados de la Corte, sino de sus tres salas, lo que es bien diferente. En cada una de esas salas se aprobó pedir la renuncia a Malo pero no por unanimidad, pues al interior de las mismas hay magistrados que se oponen a esa solución con el argumento de que no pueden darles gusto a los medios, porque temen que después vayan por todos. Es decir, al interior de la Corporación hay voces que creen que esto es un escándalo mediático y no la evidencia de la más gigantesca corrupción. Sería bueno saber quiénes son esos defensores a rajatabla de Malo.

El problema en la Corte no se va solucionar con la salida de Malo, ni reclamando a Bustos y Ricaurte que pongan la cara, eso es apenas una brizna. Si no van a renunciar todos, como lo he venido proponiendo, por lo menos los magistrados que están decididos a sacudirse la corruptela que los arropó por tanto tiempo deben identificar a los áulicos que Gustavo Malo, Francisco J. Ricaurte, Leonidas Bustos, Camilo Tarquino, Ruth Marina Díaz, Pedro Munar, entre otros, dejaron en la Corte. De nada serviría que el único “sacrificado” sea el doctor Malo, si se quedan otros estafetas del grupo de exmagistrados que aun en uso de buen retiro, siguen influyendo en el sistema judicial.

En la Corte, para citar un ejemplo, ha llegado recientemente como magistrado de descongestión de la Sala Laboral, Donald Dix, cuota del inefable Ricaurte, quien está demandado como deudor moroso en el Juzgado 3 Civil Municipal de Buga, despacho que dictó sentencia en su contra, la cual está apelada ante el Juzgado 3 Civil del Circuito de Buga (Rad 76111400300320150002901). ¡Qué lujo!

Tampoco es razonable que si Malo va quedarse confiado en la lentitud de la Comisión de Acusación, la solución sea retirar de su conocimiento los procesos contra Manzur y Besaile. Eso es impresentable, pues todo asunto que sea sometido a una alta corte es importante. Comprensible el desconsuelo de quien tenga un proceso en el despacho del magistrado Malo, cuando sepa que como su negocio no es importante política y mediáticamente, seguirá conducido por quien aún hoy no ha podido ofrecer explicaciones satisfactorias respecto de los graves cargos en su contra. Tal discriminación no puede estar ocurriendo en el templo otrora sagrado de la justicia.

El intento de la mayoría de la Corte Suprema por zafarse de Malo no les resultó, pero sí podría indicarles que a través de sus reglamentos en algo pueden mitigar la crisis. Por ejemplo, sería útil exigir a magistrados y sus familiares que revelen permanentemente sus ingresos y bienes en Colombia y el exterior; que se impongan controles a esa justicia sin rostro de los auxiliares que a veces se aproximan a los expedientes con odios o simpatías personales o políticas, o con criterio de solidaridad de cuerpo; o que promuevan restablecer el principio de verdad sabida y buena fe guardada para extirpar las manzanas podridas.

Falta sacudir las otras cortes y, además, hurgar en las maniobras de ciertos prestigiosos abogados litigantes que desde la academia u organizaciones similares posan de sabios e intocables semidioses, cuando apenas son unos sepulcros blanqueados. Esto apenas está comenzando.

Adenda. El oportunismo del precandidato presidencial de los militares en reserva, Juan Carlos Pinzón, no tiene límites. Ahora nos revela que se retiró del Ministerio de Defensa porque estaba inconforme con la decisión de suspender la aspersión con glifosato de los cultivos de coca, en lo que, de haber ocurrido, habría tenido razón, pero se fue a Washington a seguir representando en la embajada al gobierno con el que no estaba de acuerdo.

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