Por: Arturo Guerrero

Los memes de Aída

Un aguacero desmedido de memes cayó sobre la fuga de Aída Merlano. Más se demoró la atlética evadida en soltar la cuerda y aporrearse en su rappel, que el ingenio de los colombianos en hacer fiesta verbal y gráfica a costa del video oportuno. Parece existir acuerdo en que ningún otro hecho había disparado tamaña reacción.

En este caso, el alboroto no se debió a la velocidad de transmisión, pues internet tiene acostumbrado al público a su parpadeo instantáneo. El asombro derivó de la cantidad y calidad del humor. Nadie se salvó, ni la empresa rápida del bigote entorchado ni la fresa del odontólogo ni la crema dental Colgate del mismo profesional ni la ópera homónima de la protagonista.

Incluso el caballista innombrable, esta vez sonriendo como pasajero de moto con sombrero aguadeño, presagió una “próxima fuga”, en un rapto de gracia que es a la vez su primer asomo de chispa y el gesto consagratorio a esta cascada de memes.

Lo más extraño de esta profusión de inteligencia y picardía es que nadie la firma, a ningún creador le interesa marcar su crédito. Los memes son anónimos, paradójicamente en este tiempo de celebridades y de personas que se mueren por la fama y el reconocimiento.

Cada meme es un pájaro echado gratuitamente al aire colectivo. En contraste, los creativos de publicidad se matan toda una vida por inventar eslóganes que arranquen risas o provoquen ansias de consumo suntuario. Las agencias contratarían con sueldos jugosos a los cerebros de las ocurrencias virtuales. Sin embargo, las inteligencias responsables de los memes prefieren seguir clandestinas.

¿Cuál es su recompensa? Tal vez sea el íntimo sentimiento de la espina que se saca. Las burlas en las redes por lo general van impregnadas de cargas políticas, son denuncias o desquites frente a una justicia que no juzga. Las carcajadas compartidas por millones de colombianos han de ser bálsamo para las mentes inteligentes que antes tenían que tragarse a solas su clarividencia.

Como obra de la libertad, el meme acierta en sus blancos. Es creación colectiva, es disparatorio desde distintos flancos. De ahí que el acuerdo tácito en herir la fama de los sospechosos de siempre está lejos de ser campaña orquestada u operación financiada por dueños de capitales económicos o políticos. En eso el meme es pariente de la caricatura, del grafiti y del rap.

Se podría decir que el meme es un naciente género o subgénero literario. Combina la síntesis verbal con la fotografía o el dibujo. Conserva parentesco con la poesía y con lo más fino de la ironía. Es repentista, se adecúa al vértigo de lo contemporáneo. Debido a su sigilo y al recorrido incontrolable de su veneno, es heredero de la juglaría.

Colombia es terreno inagotable para el florecimiento de este género. Somos punzantes, somos vivaces, picamos como avispas alborotadas. Tenemos música incorporada, todos los colores nos cobijan.

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