Por: Nicolás Rodríguez

Los militares cuidan oleoductos con las mismas armas que vigilan el consumo de marihuana

La muerte de un joven al que le dispararon tras ingresar a las instalaciones de una base militar en La Lizama, Barrancabermeja, desató reacciones que ejemplifican lo complicada que es la relación entre el género y el ejercicio de la autoridad en Colombia. El video previo en el que un par de jóvenes acosan a un militar con piedras fue suficiente para avivar esa necesidad de recordar lo machos que podemos llegar a ser.

Un general retirado que se define como interesado en educar para la paz expresó que nadie nunca jamás debe acercarse a los soldados o irrespetarlos, y mucho menos atreverse a tocarlos. En esa misma onda, la vicepresidenta graduó a los menores de edad de “rufianes armados exigiendo derechos” y manifestó que los soldados no están solos, en plan camorrero tipo “lo que es con ellos es conmigo”.

En redes sociales el lenguaje utilizado fue prácticamente el mismo. O peor. Que por eso es que los matan: esa fue la sinopsis. Y, por supuesto, que maten al resto. Que qué bien hecho. Merecido. Aplausos, entonces, por el autocontrol y la disciplina de los soldados ante el comportamiento alevoso. Del respeto a la autoridad ejercida con apego a lo masculino del soldado, a su sentido del honor, se pasa libremente a la justificación de las ejecuciones extrajudiciales.

No hay punto medio. No existe ni siquiera un horizonte de posibilidad para considerar otras formas de lidiar con la agresividad. Aquí ya no hubo “protejamos a los niños” que valga. Ni siquiera de parte de la vicepresidenta, tan locuaz con esa agenda. Uno esperaría del Gobierno alguna declaración desapasionada sobre la mala relación que existe entre los militares y la comunidad en la que están inmersos. O sobre sus funciones policivas a punta de rifles para hacer la guerra.

¿Por qué requisar menores de edad y perseguir el porte o el consumo de drogas con armas ideadas para proteger infraestructura petrolera?

874133

2019-08-03T00:00:30-05:00

column

2019-08-03T00:15:01-05:00

[email protected]

none

Los militares cuidan oleoductos con las mismas armas que vigilan el consumo de marihuana

88

1999

2087

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Rodríguez

Memorias cómplices

Una bala perdida

Plan 002811

Los modales de Duque

La frontera con Venezuela también es Colombia