Por: César Rodríguez Garavito

Los mitos del libro de papel

EL MOMENTO MÁS REVELADOR DE LA Feria del Libro de Bogotá fue el saludo de Nicholas Negroponte, el gurú del internet, al comenzar su conferencia de invitado especial:

“Agradezco que me haya invitado el gremio editorial, pese a que vengo a decir que el libro de papel se va acabar en cinco años” (El Tiempo, 18-08-10).

Me pregunto qué habrán pensado los asistentes al evento: editores, autores, profesores y lectores cuyas vidas han girado alrededor de los libros impresos. Ojalá se hayan dado cuenta de que, literal y figurativamente, viven en un mundo de papel. Un universo en declive que resulta rarísimo para los jóvenes que nacieron con el internet, hace 18 años. El mundo de los libros caros, difíciles de conseguir y apilados en inmóviles bibliotecas.

—Profesor, ¿usted colecciona libros? —preguntó un asombrado estudiante al ver la biblioteca de uno de mis colegas en su oficina.

En buena hora, el gremio editorial está despertando. Aunque diminuto, por fin hubo un pabellón de la Feria dedicado a los libros electrónicos. Tímidamente, algunas editoriales están vendiendo sus obras en medio digital, en portales como Publidisa, Libranda o la Librería de la U. Y muchos autores y organizaciones están colgando sus textos gratuitamente en sus páginas virtuales o en sitios como Scribd.

Pero el mundo de papel se resiste a cambiar, alimentado por mitos que, en otras latitudes, ya han sido derribados. Veámoslos.

Mito 1: los libros digitales quiebran a las editoriales. Falso. Basta ver el negocio que Amazon y las editoriales han hecho con este formato, cuyas ventas acaban de superar las de impresos de pasta dura. Al mismo tiempo, han subido las ventas de libros impresos, lo que muestra que los dos formatos pueden convivir.

Mito 2: los libros electrónicos son para una élite. Mentira. Si hay un producto elitista en un país pobre como Colombia, es el libro impreso. Los de literatura rara vez bajan de $40.000, y los académicos, de $50.000. ¿Qué porcentaje de la población puede darse ese lujo? ¿Qué estudiante puede ahorrar esa cantidad para no recurrir a la fotocopia?

Los libros digitales son la respuesta legal y democrática a la fotocopia. Como evitan la impresión y el transporte, resultan mucho más baratos, como los de Amazon o iBooks. Además, podrán ser adquiridos por capítulos, como las canciones. En lugar de fotocopiarlo, los estudiantes podrán bajar un capítulo por $1.000. Y los precios de los lectores digitales caen cada día: el mismo Negroponte anuncia que en un par de años su laboratorio de M.I.T. venderá una tableta estilo iPad por $130.000.

Mito 3: la generación del internet no lee. Este es el embuste mayor. Según un estudio reciente de la Universidad de Stanford, los jóvenes de la era virtual leen y escriben más y mejor que los que crecimos con los libros de papel. Son la generación más textual de la historia: la de los blogs, los tweets, los correos electrónicos, el Facebook y los mensajes de texto. De ahí que la directora del estudio concluya que “estamos en medio de una revolución de la lectura y la escritura que no hemos visto desde la civilización griega”.

Eso sí: es una generación mucho más exigente. Como lo dice Clive Thompson en la revista Wired —cuya versión digital es el modelo del futuro editorial—, si los jóvenes están acostumbrados a escribir para una audiencia abierta, ¿cómo no se van a aburrir con un trabajo que sólo lee el profesor? Si toda la vida han saltado entre el texto, el video y la imagen, ¿cómo van a disfrutar un libro universitario impreso, que desaprovecha todo el potencial de los materiales de multimedia?

La era virtual no es una amenaza para el libro, sino su gran oportunidad. En ella dominará el libro digital, sin que desaparezca el impreso. Ojalá los personajes del mundo de papel terminen de entenderlo pronto.

* Miembro fundador de DeJuSticia (www.dejusticia.org)

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