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hace 9 horas
Por: Santiago Villa

Los monarcas no son los garantes de la unidad nacional

Escucho con frecuencia la absurda idea de que los monarcas garantizan la unidad nacional de los países que los financian.

El humorista estadounidense Doug Stanhope comentó a propósito de la boda real del príncipe Guillermo y Kate Middleton: "¿Todavía tienen realeza? Qué vergüenza. Tienen reinas y duques y princesas. ¿También tienen magos, hadas y dragones? No lo entiendo, ¿viven en un país o en una feria con motivo medieval?".

Felipe VI de Borbón será coronado el jueves como rey de España. Entre las ventajas que se ha dicho que tendría su reinado está el otorgarle unidad a un país de fuertes nacionalismos internos. Sin embargo, a pesar de ser según los monarquistas el pegante de la unidad española, la crisis de la familia real es comparable, por lo profunda, con la de la economía nacional.

La realeza está tan desprestigiada en España que el rey Juan Carlos I de Borbón optó por abdicar. Es una situación que recuerda a la del año pasado con el Papa Joseph Ratzinger (Benedicto XVI). Quizás Felipe VI logre ser para la realeza lo que el Papa Jorge Mario Bergoglio (Francisco I), ha sido para la iglesia Católica. Sin embargo, la influencia de las superpersonas ungidas por dios, que Europa heredó de la Alta Edad Media, es cada vez menor en el mundo contemporáneo secular.

La nobleza y la "sangre azul", al contrario de lo que algunos puedan pensar, no garantizan la unidad y la estabilidad nacionales. En Europa este papel lo cumplen, ante todo, las monedas y los acuerdos económicos. Las dinastías centenarias poco voz y voto tienen ya en las decisiones de Estado. Para entender porqué hagamos un ejercicio mental. Imaginemos que los referendos que habrá en Escocia y Cataluña son los definitivos para determinar la secesión y que no hace falta más que eso para legitimarla. Supongamos que esos referendos se celebraron ayer y que ganó el SÍ. Por lo tanto, a partir del 1 de enero de 2015 Escocia y Cataluña serán países independientes y soberanos, a pesar de que los monarcas de cada país clamaron hasta que se les fue la voz por la unidad nacional.

Durante estos meses del 2014 tendrán que preparar el terreno para lanzar sus nuevas monedas, que se llamarán, digamos, la "libra escocesa" y la "peseta catalana", pues Escocia ya no podrá usar la libra esterlina y Cataluña ya no podrá emplear el euro. Para ingresar a la zona euro, Cataluña tendría que iniciar el proceso formal de solicitud. Escocia no ha utilizado el euro, pero ante la negativa que ya anunció el Reino Unido de permitir el uso de la libra esterlina a una Escocia independiente, podría querer también entrar a la zona euro. Sea como fuere, el proceso tardaría como mínimo dos años, que es el tiempo de prueba para el mecanismo de tasa de cambio II (ERMII).

Entretanto, sus monedas tendrán que entrar a flotación en los mercados internacionales (asumiendo que serán países capitalistas), si no desean tener problemas con la Organización Mundial de Comercio, de la que querrán hacer parte, y con el Fondo Monetario Internacional, al que querrán solicitarle préstamos. Son monedas nuevas de países nuevos, que tienen economías modestas aunque relativamente estables. Sin embargo, su futuro es muy incierto, y en medio de un continente que no termina de salir de la crisis, el nerviosismo de los mercados probablemente contagiaría el valor de sus monedas. Esto puede ser bueno para sus exportaciones, pero malo para el pago de la deuda que heredarían cuando se separen de sus antiguos países.

Las dificultades en el pago de su deuda, entonces, generarán un aumento en los retornos, es decir el dinero que los países deben pagar a los inversionistas que les prestan dinero en el mercado internacional. Si suben los retornos por esta incertidumbre acumulada, pasa como cuando suben las tasas de interés de una tarjeta de crédito: la deuda es mayor y puede llegar a un punto insostenible.

A esto se suma que, para entrar a la zona euro, los bancos centrales de estos países tendrán que portarse de forma conservadora. Nada de maniobras poco ortodoxas para salvar la economía si hay turbulencias.

Para terminar este breve ejemplo, vale recordar que durante este tiempo, a no ser que sus ministerios de comercio y relaciones internacionales realicen un trabajo titánico, no tendrán durante años las ventajas económicas y arancelarias que antes tenían como países de la Unión Europea. En cambio, las empresas que compiten contra las suyas en otras partes de Europa sí.

El escoces o catalán que no tenga estos puntos en cuenta al votar su referendo de independencia es un irresponsable.

Así que los comentaristas podrán decir lo que quieran sobre los reyes, las reinas, los príncipes y las princesas, pero es tan ingenuo pensar que su aura divina mantiene la unidad de sus países como lo era hace mil años la creencia de que sanaban a los enfermos con sus manos.

En el mundo de las democracias constitucionales los monarcas europeos tienen dos ventajas: alimentan el contenido de las revistas del corazón y en algunos casos generan turismo.                              

Twitter: @santiagovillach

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