Los muertos de Tasajera ya estaban muertos

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Ya van más de 30 muertos por la tragedia de Tasajera y la cifra no va a parar ahí. Con el paso de los días me convenzo de que a esos muertos los mató este país, los matamos desde hace varias décadas, o desde hace más de un siglo; incluso desde antes de nacer, los mató este insufrible y avasallador revoltijo de desgreño, corrupción, nula autoridad, abandono, autoabandono, con que hemos terminado de organizarnos como sociedad y todo lo que hemos ido tolerando y transigiendo con lo que está mal y no funciona.

Por todo eso, creo que este hecho no debería quedar así, como otra fatalidad más, ni siquiera aquí donde las catástrofes son parte del orden natural y del calendario de eventos esperados cada año. Pero no veo muchas ganas e intenciones en ninguna parte de reconstruir lo que pasó y dónde hubo responsables. Voy a arriesgar preguntas, solo eso. Las preguntas que se plantearían en un país civilizado, o al menos en uno donde la vida conserve algún valor. Vamos de las fáciles y obvias a las difíciles.

La primera es la de la responsabilidad individual del conductor del camión que se volcó pues él es el agente propiciador de todo esto. ¿Hubo pruebas de alcoholimetría?, ¿estaba al día con la revisión técnico-mecánica?, ¿había dormido bien?, ¿cuándo fue su turno anterior?, ¿cuál es su récord de infracciones y su historial en la empresa donde trabaja?, ¿iba entre los 30 y los 50 kilómetros de velocidad que marcan los letreros al entrar en zona urbana?

El segundo cuerpo de preguntas tiene que ver con la Policía. Después de las fotos de los cráneos calcinados o las imágenes de varios hombres corriendo en plena combustión, lo que más me golpeó fue notar la pasividad de los policías mirando a la muchedumbre mientras saqueaban el camión, en un acto que era, sin matices, un robo, pero también una infracción a la cuarentena (luego supimos que al menos seis de los quemados eran positivos de COVID-19), pero, ante todo, una afrenta al sentido común, un acto delirante y suicida.

Inquietantes las explicaciones del coronel Óscar Solarte, comandante de la Policía Metropolitana, de que al sitio llegaron 11 uniformados pero que la gente no les hizo caso, e inclusive intentó agredirlos, con lo cual ellos se quedaron observando e insistiendo a distancia para que se retiraran. Una explicación en la que tácitamente se admite un fracaso de la Policía, su poca entidad para disuadir aun a la fuerza a un centenar de parroquianos inermes pero en bandidaje y, sobre todo, en riesgo inminente de perder la vida. Desolador ese mensaje de “traté pero la gente no quiso”, en el cual va implícito que la Policía impone la ley solo cuando la gente la deja y que el ejercicio de la autoridad es relativo y circunstancial. Adicional, ¿existen unos protocolos para enfrentar el pillaje de vehículos volcados, algo que ocurre muy a menudo en esas carreteras? ¿Es cierto que mucha gente en la zona vive de los accidentes de los camiones? Y si lo es, ¿no hay ya experiencia y procedimientos para controlarlo?

El tercer bloque de preguntas tiene que ver con la política. Yo quisiera saber cómo votó Tasajera en las últimas elecciones del Congreso, cómo fue la abstención, si hubo compra de votos, quién hizo campaña en este corregimiento que es de Puebloviejo, pero que es una prolongación de los tugurios de Ciénaga. ¿Qué prometerían y quiénes son los senadores y representantes votados aquí? ¿Qué plan o planes de Presidencia, de la Gobernación del Magdalena, han tenido que ver con este caserío donde la miseria extrema está totalmente a la vista?

Esos políticos son los últimos herederos de una inmoralidad que arrancó hace casi 70 años cuando el gobierno de Rojas construyó sobre la enorme barra de arena, en la parte alta de la Ciénaga Grande, una pésima carretera, responsable del peor crimen ecológico en toda la historia, que convirtió en un lodazal moribundo gran parte de este cuerpo de agua y condenó a la miseria y al hambre a las comunidades que vivían en su orilla norte. La gente de Tasajera del 2020 es nieta y hasta bisnieta de esos pescadores de los años 50 que se quedaron a vivir sobre su basura y sus excrementos en sus casas lacustres. Sería demasiado exigir las identidades de los responsables por las decisiones y las obras del siglo pasado, pero en los últimos 20 años sí ha quedado demostrado sin atenuantes que Corpamag, responsable de la Ciénaga, es uno de los agujeros negros de la corrupción en Colombia. Así, se han esfumado inversiones multimillonarias en dragados a los ríos Aracataca, Fundación, Sevilla, Frío y otros caños que la nutren, con lo cual el equilibrio ambiental no se ha recuperado, ni las comunidades que viven allí. Fiscal Barbosa, a usted que le gusta revivir procesos viejos, como el de Aníbal Gaviria, ahí tiene bastante arqueología para demostrar resultados. Esa corrupción tiene mucho que ver con los muertos del lunes pasado.

Las últimas preguntas tienen que ver con el otro gran responsable de esta tragedia: la misma gente de Tasajera. Si nadie se ha atrevido a cuestionar a la Policía, a la comunidad mucho menos. Algo sugerí en redes hace unos días y se me vinieron encima unos cuantos por la infamia de juzgar desde mi cómodo sofá bogotano. Entiendo que el momento no sea propicio para cuestionar a las víctimas; el horror del suceso no lo facilita, la precariedad de sus condiciones sociales lo hace casi criminal. La ignorancia, la falta de estudio, la desnutrición, la desesperanza, todo eso innegable y vergonzoso, matiza su responsabilidad pero no la anula. Peligrosa, y hasta insultante, esa conmiseración que vuelve inimputables a los pobres, a quienes la miseria los exime de culpa y sentido común, y que ubica la supervivencia como su pulsión dominante y única con lo cual legitima la amoralidad. Eso es tan extremo como la postura de ultraderecha que los subsidia y luego los llama atenidos.

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