Por: Salomón Kalmanovitz

Los negocios de la familia presidencial

ES NOTORIO EL DESCARO DE LA FAmilia presidencial en torno a los negocios de sus hijos. Se trata de empresarios audaces que toman ventaja de la posición de su padre para multiplicar su capital.

Digo descaro porque Jerónimo y Tomás dijeron que su padre mostró algún recato frente a la escandalosa incompatibilidad de sus quehaceres con el enorme poder presidencial y les observó que era mejor que no hicieran negocios durante su mandato, pero finalmente cedió ante las ambiciones de sus hijos. Lo que debieron hacer los jóvenes, de acuerdo con la ética más elemental, fue irse del país a emprender negocios donde nadie los conociera, para medir su capacidad y su talento.

¿Cuál es la fuente de la prosperidad de los negocios de los hijos del presidente? ¿Por qué debieran de abstenerse de hacer negocios que tengan que ver con decisiones públicas? ¿Si es justo que muchos empresarios tengan que fajarse durante muchos años de sacrificios para aumentar penosamente su capital, mientras que dos muchachos se enriquecen en un abrir y cerrar de ojos?

La primera ventaja, como socios de la empresa canadiense Residuos Ecoeficiencia S. A., que hace el tratamiento de desechos y compite contra miles de miserables recicladores (ver http://www.lasillavacia.com), es que llaman a los empresarios a ofrecerles sus servicios y éstos los favorecen porque piensan que eventualmente recibirán algo a cambio del Gobierno. Los contratos así ganados aumentan vertiginosamente las ganancias de la empresa.

La segunda ventaja que tienen los hijos del Presidente, en el caso de la Zona Franca de Occidente, es que poseían información privilegiada y, además, influyeron sobre el trazado de las obras públicas que iban a valorizar los terrenos de Mosquera en que invirtieron un pequeño capital, $33 millones, que termina multiplicándose por 300, después que se conoce que serán servidos por una doble calzada y por el tren de cercanías. Logran también evadir los impuestos a la plusvalía (33% del incremento patrimonial).

La tercera ventaja es más problemática, porque están negociando una concesión especial del Gobierno que les permite convertirse en zona franca con el visto bueno de dos ministerios, Planeación Nacional y la DIAN. Los que compren los lotes de la zona, en la que también es socio el alcalde de Mosquera, podrán reducir su tarifa del impuesto a la renta de 33 a 15% y se verán exonerados del arancel (12% promedio) y del IVA.

Así las cosas, las fuentes de prosperidad de los hijos del Presidente son su capacidad de generar favores del Gobierno a ciertas empresas y el traslado de patrimonio público (más precisamente de recaudo tributario) a las zonas francas portátiles. El Gobierno se desprende de capacidad tributaria, aun en tiempo de crisis, para el logro de mantener la supuesta confianza inversionista de los pocos afortunados.

Estas ventajas sustanciales están en la base de los negocios de los delfines y en el incremento de los contratos de las empresas en las cuales participan. Se trata también de exenciones que lesionan el patrimonio público a favor de empresas privadas, siendo capturadas algunas gracias a la indebida influencia de los hijos del Presidente. Lo que ha dejado de recibir el Gobierno por todas estas gabelas tributarias alcanza los $5,8 billones al año, lo mismo que los parafiscales que lesionan el empleo. Y si es tanto dinero, ¿por qué no compartir un tris en familia?

*Decano Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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