Por: Daniel Mera Villamizar

Los negros, ¿pueblo tribal?

LA RESPUESTA DEPENDE, PARA darle alcance a la discusión, de la idea que se tenga de Colombia y del papel de los 'negros' en esa idea.

 

Si ésta es una sociedad donde cualquier identidad es una decisión autónoma del individuo, hay que ir con cuidado en eso de atribuirle identidades a la gente. Para el caso que nos ocupa con el profesor Jaime Arocha, es equivocado presumir que todos los colombianos de piel oscura y ascendiente africano se asumen ‘negros’ o ‘afros’.

Muchos no desean o no se plantean asumir tal identidad, como innumerables costeños caribeños, y no por eso tienen menos derechos o cuentan menos para la idea de país. Otros innumerables se autorreconocen de forma racial-étnica, como algo obvio, pero no quieren tratamientos diferentes por tal motivo en cuanto ciudadanos (algunos sostendrían el lema “negros en la casa, colombianos en la calle”). También es un error pensar que el contenido de la identidad ‘negro’ es uno solo en la población que se autorreconoce así.

Todo esto se ignora cuando se dice que los colombianos negros y mulatos son un pueblo tribal o étnico. En el Censo de 2005 se nos hizo una pregunta, no las 20 que habrían sido necesarias para poder discernir, en alguna medida, la cultura y la conciencia de más de cuatro millones de personas, sobre las que se decidió que tienen atributos de identidad al gusto de unos redentores muy curiosos. Si un negro les dice que piensa distinto de ellos, no saben qué hacer. Su alergia al pluralismo de ideas dentro del activismo afro muestra que se trata, también, de otra forma de dominación.

En un grupo tribal o étnico, por cierto, sus miembros no tienen plena libertad de tomar o dejar la identidad del grupo. El profesor Arocha haría bien en concentrarse en defender el derecho de los grupos indígenas a restringir la libertad identitaria de sus miembros, como requisito para la preservación de su cultura, y se le apoyaría en nombre de un “multiculturalismo” acotado. Si insiste con los negros, puede encontrarse con la evidencia de que no quieren que les quiten esa libertad y, peor aún, con su simpatía materialista por el “proyecto moderno”.

La colombiana es una sociedad que busca alcanzar los bienes y moderar los males de la llamada civilización occidental. Nuestra idea de la vida es que sin bienestar material es difícil desarrollar el espíritu. Que para ser libres e iguales se necesita comida, vivienda, educación, salud, trabajo, ingresos y una serie de bienes públicos como carreteras, bibliotecas, parques. Aunque, al fin y al cabo cada país construye su “propia civilización”, la humanidad no dispone de muchas alternativas probadas para realizar sus ideales.

Los colombianos ‘negros’, parte de la abrumadora mayoría cultural colombiana, quieren lo mismo: bienestar. Su ansia de igualdad es típicamente moderna: ningún destino está predeterminado. El color de la piel no determina nada. Creer que sí es darles la razón a los racistas. Sin embargo, algunos insisten en usarlos en discursos de causas perdidas por radicales. La Ley 70 de 1993 se justifica para una parte de la población rural negra. La modernidad colombiana debe enriquecerse con la diversidad afro, pero quieren sacarnos de la modernidad. Ni más faltaba.

 

* Directivo de la Fundación Color de Colombia

 

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