Periodismo y posconflicto: retos y desafíos para el próximo cuatrienio

hace 1 hora
Por: Juan Gabriel Vásquez

Los niños del Tea Party

LEO EN EL TIEMPO UN ARTÍCULO cuyo título, "Cinco días de verano ultraconservador", se las arregla por sí solo para echarle a perder el sábado al más fuerte, y al terminar el artículo me parece entender algo que antes no entendía.

¿Pero qué es eso que antes no entendía y que ahora entiendo? De lo general a lo particular, las posibilidades son varias: tal vez la razón de que el mundo esté como está, o la razón de que en los últimos años el gobierno de Bush haya sido el que fue, o, como mínimo, la razón de que la Florida, el estado que llevó a Bush a la presidencia, haya sido el estado que llevó a Bush a la presidencia. Porque es allí, en la Florida, donde sucede lo que nos cuenta María Camila Hernández en ese artículo: la existencia y modus operandi de la Tampa Liberty School, un campamento infantil donde los niños, dicen los organizadores, podrán profundizar en los “valores fundacionales” de Estados Unidos.

Pero yo, por alguna razón, no pude leer el artículo como estaba escrito, ni tampoco las páginas web que visité enseguida. Cada vez que en ellas se me aparecía la palabra “enseñanza”, mi cabeza la reemplazaba por “doctrina”. Una de las doctrinas era ésta: “El gobierno no puede obligarme a ser caritativo”. Los lectores informados reconocerán la guerra a los impuestos que la derecha norteamericana considera uno de sus pilares. Otra doctrina era: “Estados Unidos es bueno”. Los niños comienzan el día en una habitación aburrida llamada “Europa” y luego hacen el tránsito a una más agradable donde son recibidos con confeti azul, blanco y rojo. Otra doctrina, en fin: “Creo en Dios”. No creo que ésta necesite mayor comentario de mi parte: el campo de verano se ha modelado a partir de las famosas “Bible schools”.

Y es entonces cuando uno piensa que esos “valores fundacionales”, descritos como están en el artículo, no se parecen mucho a la idea que uno tiene de Estados Unidos, y en cambio son idénticos a la idea que uno tiene del Tea Party. Y es entonces cuando uno se percata de que el ideólogo del campamento —¿un ideólogo en un campamento de verano para niños? Ya verán ustedes que sí— es el tristemente célebre Glenn Beck, la voz mediática de todo lo que está mal en la extrema derecha norteamericana: la voz del racismo, del antisemitismo, de la cultura del miedo, de la teoría de la conspiración como forma de entender la vida. Sí: la idea original para la Tampa Liberty School, su inspiración, es Glenn Beck: el mismo que sostuvo que la izquierda norteamericana estaba en colusión con un califato árabe para derrotar a los Estados Unidos; el mismo que acusó al filántropo millonario George Soros de ser un colaborador de los nazis cuando tenía 13 o 14 años. Tan extremas son las ideas de Glenn Beck que la cadena Fox decidió hace unos meses terminar su programa. La cadena Fox, por supuesto, es el hogar de otros fundamentalistas ultraconservadores (véase Bill O’Reilly). Pero incluso para ella resultó más dañina que provechosa la presencia de Beck en su programación. Y éste es el inspirador de la Tampa Liberty School.

Ni me quiero imaginar cómo serán las fogatas de este campo de verano. ¿Qué se quemará en ellas? No serán masmelos, desde luego. Fotos de Obama. Libros de Noam Chomsky. Banderas de Francia.

Posibilidades no faltan.

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