Los niños no importan

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Solo en febrero, estas noticias: creció el número de niños y niñas víctimas de abuso sexual en Colombia; las exhumaciones en Dabeiba mostraron restos de niños asesinados; Medicina Legal informó que, en el 2019, 8.466 menores de edad fueron víctimas de violencia no letal, como maltrato intrafamiliar, y que, en enero de 2020, 38 fueron asesinados.

En Siquiera tenemos las palabras, libro escrito por el exministro de Salud y hoy rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, hay varios llamados a la reflexión, basados en grandes escritores sobre temas que aquejan a la humanidad, y, también, Gaviria plantea una fuerte crítica a los medios de comunicación. “Día a día, las noticias son el mismo inventario de miseria humana: asesinatos, violaciones, robos, actos de corrupción”. Cierto. Sigue: “Los noticieros entorpecen nuestro entendimiento del mundo. Si uno quiere entender el mundo, no debería ver las noticias”. Cierto.

Nos recuerda el libro que “hacemos parte de la generación más afortunada de la historia de la humanidad”, y apoya la afirmación en menciones sobre la mejoría en las tasas de pobreza, homicidios, mortalidad infantil y desnutrición, en Colombia. Aun así, sostiene Gaviria, “pensamos con frecuencia que estamos viviendo en el peor de los mundos”. Cierto. Al final, el rector escribe: “A la hora de las noticias, yo prefiero leer un libro”.

Los niños de mangle es una novela negra del pediatra y escritor barranquillero Martín Doria sobre las redes de turismo sexual infantil en la costa Caribe colombiana. Doria escarba en esa llaga del abuso y el maltrato infantil hasta hacernos doler, y nos invita a pensar cuántas veces volteamos la cara ante las atrocidades que sufren los niños y qué estamos dispuestos a hacer para proteger la niñez.

ECPAT, una ONG internacional con 100 países miembros que se dedica a la lucha contra la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes (NNA), explica que cuando hablamos de ese delito, hay elementos de intercambio involucrados como el dinero, un techo para su casa o una promesa de seguridad cuando viven en las calles. Es decir, los mismos problemas sociales de Colombia.

El “Estudio global sobre la Explotación Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes en el contexto de Viajes y Turismo (ESNNAVT) 2016” concluye que ese crimen “ha aumentado en todo el mundo, con mayor velocidad que cualquiera de las iniciativas nacionales e internacionales que buscan hacerle frente… y no ha dejado ninguna región intacta y ningún país es inmune”. Las investigaciones sobre el tema demuestran que los servicios de rescate y rehabilitación para la recuperación de las víctimas son inadecuados y que la solución está muy abajo en la lista de prioridades de las agendas de política.

Acerca de nuestra región, el estudio afirma: “Tanto los funcionarios de gobierno latinoamericanos, como el personal de las agencias policiales y los trabajadores del sector formal e informal de los viajes y el turismo fueron mencionados como cómplices directos o indirectos de la ESNNAVT”.

Estamos rodeados de miseria humana y, ciertamente, los medios la realzan sin contexto. Sin embargo, en el caso de los NNA, mejor sería apartarnos del pensamiento del profesor Gaviria y, tal vez, quedarnos con la invitación del doctor Doria: “Tenemos que repetir, y eso incluye a los medios, aunque sea a veces aburridor, que estas tragedias les están pasando a nuestros niños”. Si seguimos como vamos, solo estamos reafirmando que los niños no importan.

@ClaMoralesM

* Periodista.

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