Por: Cartas de los lectores

Los niños, otra vez

Los niños, otra vez

Toda la sociedad colombiana debe preocuparse por los períodos de vacaciones de los niños, muchos de ellos no cuentan con la debida atención de sus padres por estar ellos vinculados laboralmente. Hace un tiempo, la Policía Nacional tenía una división que se llamaba Policía Infantil, donde se destacó de manera especial el sargento Torres. Esta unidad se dedicaba a velar por la seguridad de los niños, su recreación y mantenimiento de los parques. Hoy en día, lamentablemente, no se cuenta con esta unidad y lo más triste, los parques que deberían estar destinados a la recreación de los niños, están invadidos por los traficantes, consumidores de droga y pandillas.

Las vacaciones para los infantes son excesivamente largas y los programas vacacionales que se ofrecen están dirigidos a los estratos más altos, dejando de lado los estratos 1, 2 y 3, que en muchas oportunidades no cuentan con los recursos económicos suficientes para su vinculación, motivo por el cual deben dejar a sus hijos en sus viviendas o en la calle, expuestos a la inseguridad, adquiriendo malos hábitos y siendo presa fácil de los narcotraficantes y abusadores sexuales.

Les corresponde al Ministerio de Educación, y a las secretarías de Educación en general, tomar conciencia de esta difícil situación a que están expuestos nuestros niños, realizar en el menor tiempo posible programas de recreación y desarrollo de habilidades en artes y oficios. Ya que las escuelas y los colegios durante estas épocas están desocupados, podríamos, como le corresponde a un país pobre, sacar el máximo de utilidad a las instalaciones y recursos humanos que se tienen ociosos y atender esta delicada y grave situación por la que atraviesan los niños que no cuentan con la debida atención y que son expuestos en forma permanente a toda clase de peligros.

No podemos ser ajenos a esta grave exposición de nuestros niños y de manera urgente exigimos programas de atención vacacional para los colombianitos que como siempre no son atendidos oportunamente.

Este escrito lo hice a finales del mes de noviembre y para colmo de todos los males, el día 4 de diciembre la niña Yuliana Samboní fue ultrajada y asesinada, pero antes, mucho antes, los niños colombianos vienen padeciendo el desinterés de toda la sociedad por sus derechos como son la educación, la salud, la felicidad y la seguridad, entre otros muchos. A diario se denuncian casos de niños desnutridos que mueren en La Guajira, de los niños del Chocó y de otras regiones del país que tienen carencias tan fundamentales de nutrición que no son atendidas porque los “dueños” de prestarles el servicio de alimentación en forma abusiva y descarada no les entregan a ellos una dieta acorde con su edad que garantice un desarrollo normal.

Hoy llamo la atención de manera especial a los funcionarios y políticos influyentes en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, a que dediquen sus esfuerzos en pro de la salud de nuestros niños y que actuemos de manera pronta para no lamentarnos como en el caso de Yuliana de más hechos aberrantes.

Se dice con frecuencia que nuestra lamentable situación se debe a la falta de educación y con preocupación vemos que los niños de escasos recursos no tienen garantizada una educación de calidad; los locales no son los mejores, el cuerpo docente no es el más calificado, el entorno de los colegios está plagado de traficantes y el verde brilla por su ausencia en todas nuestras instituciones educativas.

Es mucho lo que podemos hacer por nuestros niños y son muchos quienes están al acecho para usurparles esos derechos. Ante el poco interés por parte de las autoridades por hacerlos valer, les corresponde a sus padres exigir que esos derechos sean atendidos en forma inmediata y sancionar a todos quienes atenten contra la integridad de los niños.

El país está cansado de tanta política barata y reclama hoy más que nunca el volver a nuestros valores y respetar nuestra cuna y libertad.

Señores políticos, como en cualquier empleo: actúen correctamente o se van.

Marco Fidel Rocha Rodríguez.

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