Por: Cecilia Orozco Tascón

Los ‘ñoños’ de la justicia, tal como los de la politiquería

El hotel Irotama, de Santa Marta, fue escenario de una alegre reunión social, en septiembre pasado.

Los asistentes celebraban el triunfo de uno de ellos en las votaciones que acababan de registrarse en el país. No sólo los unía el cargo que asumiría el homenajeado. También su origen regional. Los presentes disfrutaron el encuentro mientras saboreaban el éxito de su estrategia electoral que consistió en ajustar a los nuevos tiempos su cartel costeño, con el objeto de no dejar ir el poder que les querían quitar los reformadores del Gobierno y del Capitolio en la ley de equilibrio de poderes, y que los togados de la costa Atlántica detentan, hace años, para su promoción personal y ascenso social.

No hablo de los famosos ‘ñoños’ del Congreso, campeones del voto cautivo; tampoco de los sospechosos Yahir Acuña, Pedro Pestana, Oneida Pinto o del temible ‘Kiko’ Gómez. Estos intentan moverse en la legalidad política, aunque lo hacen cerca, muy cerca, de la frontera delictiva. Los conspiradores del Irotama parecen estar en el extremo contrario, el de la Justicia, pero sus métodos se asemejan cada vez más a los de los politiqueros del primer grupo. En el Irotama, de acuerdo con varios testigos, estaban el elegido miembro de tribunal, Vicente Calixto de Santis, que llega a integrar el recientemente creado Consejo de Gobierno Judicial, en presunta representación de los magistrados y jueces de la nación; su amigo “desde los 15 años” —según el mismo de Santis admitió—, expresidente de la Corte Suprema, Gabriel Miranda; el también expresidente de la Suprema y del agonizante Consejo de la Judicatura Francisco Ricaurte y Hernando Sierra Porto, hermano del actual juez por Colombia en la Corte Interamericana, Humberto Sierra. Una fiesta de togas.

De Santis obtuvo su puesto en el órgano del que dependerá la carrera y nombramientos de los 20 mil funcionarios judiciales y 4.900 jueces y magistrados, además del destino de $3 billones (billones, reitero) de pesos de la rama, enarbolando pancartas en las calles con su foto, nombre y logo, viajando a los municipios y visitando tribunales y juzgados. Como cualquier “ñoño” en campaña. En una entrevista con El Tiempo, De Santis, único candidato de la zona costera, aceptó que se promovió en citas con sus colegas antes de la votación interna de la rama porque “el Caribe (sentía) la necesidad de tener un representante… en ese organismo” y que “ese sentimiento permitió aglutinar a esa gran región”. Los demás aspirantes de la costa cumplieron su parte, no entraron a la competencia y todos —incluyendo los que trabajan en los departamentos del interior— votaron, juiciosos, por él. Como lo harían por uno de los “ñoños”.

En los próximos días, este personaje de vodevil, junto con los otros miembros del Consejo de Gobierno preseleccionarán, de una lista de 93 candidatos, a 15 para escoger a los titulares de tres cupos que hay en el Consejo de Gobierno para expertos en administración de recursos públicos. Las altas calificaciones que la reforma ideó para el trío de especialistas van llegando a nivel del piso por la interpretación de De Santis y sus compañeros. Se inscribieron operadores de computador, empleados de tercer o cuarto nivel de juzgados y ministerios, políticos perdedores y hasta el papá del joven Colmenares cuyo dolor de progenitor se respeta, pero a quien no se le ve como visionario de la carrera judicial. El concurso no será tal. De Santis y sus amigos impondrán los nombres que les convengan, uno de los cuales, el del gerente, definitivo para retomar el control de la Justicia, ya está escogido por ellos: Hernando Sierra Porto, asistente al convite del Irotama, cartagenero y aliado del cartel, los requisitos perfectos. Como si fueran los de uno de los “ñoños”.

596820

2015-11-03T21:00:05-05:00

column

2015-11-04T13:14:07-05:00

none

Los ‘ñoños’ de la justicia, tal como los de la politiquería

66

3901

3967

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cecilia Orozco Tascón

La cara digna del periodismo: Ricardo Calderón

Fiscal Barbosa, primeras malas señas

Hostigamiento oficial a la prensa libre

Presión a la Corte: eligen o se los elegimos