Por: Klaus Ziegler

Los nuevos creacionistas

Pensar que un órgano complejo como el ojo pueda aparecer por simple azar, es tan absurdo como creer que un huracán pueda ensamblar un Boeing 747 combinando aleatoriamente pedazos de metal en un depósito de chatarra.

Este argumento sigue siendo el arma favorita de los creacionistas bíblicos para arremeter contra la teoría de Darwin, ahora amparados bajo el manto de una nueva seudociencia: la “teoría del diseño inteligente”. Es sorprendente que esa comparación se siga utilizando para demostrar que la evolución por sí misma es incapaz de dar cuenta de la complejidad del mundo natural, pues los biólogos, que yo sepa, nunca han propuesto que un órgano complejo pueda aparecer de manera fortuita.


Existe además otro aspecto de la teoría de Darwin que ha sido cuestionado por los científicos creacionistas: para que el mecanismo de la evolución pueda llegar a producir de manera gradual un sistema biológico complejo, es necesario que el sistema permanezca funcional aun prescindiendo de alguna de sus partes, lo cual no ocurre en los denominados “sistemas irreductibles”. El argumento es en esencia una reformulación más sofisticada de la objeción decimonónica clásica: ¿Qué ventaja puede ofrecerle a un organismo poseer medio ojo, o un décimo de ojo?


Se sabe que los primeros ojos fueron pequeñas “manchas oculares” como las que presenta la euglena: diminutos fotorreceptores, “milésimas de ojo” que apenas discriminan entre “luz” y “oscuridad”, pero que le confieren al unicelular una notable ventaja, pues lo orientan hacia la superficie marina, donde abunda el alimento. Luego aparecieron capas enteras de células fotosensibles que se fueron invaginando gradualmente hasta adquirir forma de copa, dando origen a una rudimentaria cámara oscura como las que poseen algunas babosas actuales. El registro fósil muestra además organismos del Cámbrico Inferior que poseen ojos más sofisticados, aunque aún sin lente, perfectos ejemplos de que es preferible ser medio cegatón que invidente. Y existen multitud de fósiles que exhiben todas las “fracciones de ojo” imaginables, y que aparecieron en forma gradual, contrario a lo que afirman los nuevos creacionistas.


La teoría del diseño inteligente es otra propuesta seudocientífica que pretende hacer encajar la idea de un Dios creador dentro del esquema de la ciencia contemporánea. Es otro intento fallido de los fundamentalistas cristianos para sabotear la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas, cuando pretenden darle al creacionismo la respetabilidad intelectual que jamás ha tenido.


 

 

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