Por: Felipe Zuleta Lleras

Los odios de Petro y sus adeptos

Esta semana, el Consejo Nacional Electoral (CNE) abocó el estudio del tema de su competencia para meterse o no en el proceso de las revocatorias de 107 alcaldes y gobernadores a lo largo y ancho del país. Decidió el CNE que por lo pronto es competente. Esto como consecuencia de haber derrotado la ponencia de la magistrada Hernández, que sostenía que el ente no podía meterse en los procesos de revocatoria.

Independientemente de esta decisión, lo cierto es que en Colombia no prosperan los procesos de revocatoria, como lo muestran algunos estudios. Más de 166 intentos y ninguna ha prosperado, por falta de firmas o por ausencia de los votantes el día que deben acercarse a las urnas a depositar la papeleta con su decisión.

Por supuesto, me quiero referir específicamente al caso del alcalde Peñalosa. Como ya estoy acostumbrado a que me insulten y me digan enmermelado, seguiré entonces sosteniendo que detrás de este proceso lo que hay es un gran resentimiento de Gustavo Petro y Hollman Morris, quienes andan llenos de odio tratando de defender una gestión (la de ellos) absolutamente indefendible por proterva y siniestra.

Petro se defendió, cuando fue suspendido por el procurador, con patas y manos y utilizó todos los mecanismos que le otorgaban las leyes nacionales e internacionales. Logró acabar su mediocre mandato. Y estaba en su derecho de defenderse dentro del marco de la ley.

Pues esos derechos y otros similares son los que está ejerciendo Peñalosa y eso a Petro le parece, al menos en lo que toca con las decisiones del CNE, que atenta en contra de la democracia.

El cinismo de Petro y su odio por Peñalosa y la clase dirigente del país, en lo que a mí toca, me parece un asco.

Está basado en una lucha de clases que sólo alimenta sus malquerencias, como lo hizo durante su Alcaldía, que promovía la segmentación entre los diferentes estratos de la capital.

Petro, claro está, no es un buen ser humano y eso me lo confirman algunos de sus colaboradores en la Alcaldía que salieron corriendo. Pero no tenían que decírmelo, pues eso se nota en cada expresión, declaración y, según me dicen, en sus trinos, pues no lo sigo en Twitter, ya que para llenarse uno el alma de estiércol a diario es mejor no saber qué dice este ominoso sujeto.

El alcalde Peñalosa tiene ya cosas que mostrar. Y seguramente tendrá muchas más cuando acabe su mandato.

En lo que a mí respecta, seguiré pensando que el alcalde recibió una ciudad destrozada por cuenta de Petro y sus flamantes antecesores.

Y antes de que se me olvide, les recuerdo a algunos de los petristas que amenazan e insultan en Twitter, su cloaca preferida, en donde pasan felices porque de porquerías sí saben, que no recibo notificaciones sino de la gente que sigo, es decir, que no pierdan su tiempo y vomiten su odio en otras de las personas que aborrecen, que se sabe son cientos. Y les deseo a ustedes lo que me desean a mí.

Y para todos los demás lectores va un gran abrazo afectuoso.

 

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