Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

Los papas y la política

La exitosa visita del papa Francisco hizo que algunos hablaran de cómo el Gobierno pretendió convertirla en un hecho político, cuando ellos no son más que los representantes de Dios en la tierra. Uno de los pontífices más controvertidos en los últimos años fue Pío XII, quien por su cercanía con Alemania permaneció en silencio frente a los horrores de Hitler y por eso su elevación al santoral está en espera. Su amor con esa nación se debió a que durante 13 años fue representante del Vaticano en Múnich y asumió como papa en 1938, en vísperas del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

¡Y qué decir de Juan Pablo II! En su reinado cayó el comunismo, desapareció el muro de Berlín, en Polonia comenzó a tomar fuerza el sindicato Solidaridad y con el ascenso de Gorbachov al poder propició cambios rápidos con la Iglesia, creándose una atmósfera en la que Jaruzelski (mandatario de su país) se sentía lo bastante seguro como para comenzar a gobernar de manera distinta.

El viaje de Juan Pablo II a Chile, en abril de 1987, fue parte de una estrategia de apoyo a los países latinoamericanos en su transición pacífica hacia la democracia. El papa quería asegurar, en donde fuera posible, la hegemonía política de los partidos demócrata cristianos o de un bloque de fuerzas de centroderecha que, coincidencialmente o no, se ajustara pulcramente a la visión de la Casa Blanca de Reagan. Después de ese viaje cayó Pinochet y llegó la democracia cristiana al poder con Patricio Aylwin en Chile.

No cabe duda de que el papa Francisco vino también a hacer política. Ellos son jefes de Estado y se muestran como tales.

Los boyacenses son expertos en hacer papas, pero nadie sabe qué es lo que cocina un papa en Roma.

 

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