Por: Cecilia Orozco Tascón

Los "perseguidos políticos"

Una gran fábrica de falsedades con apariencia de autenticidad. Como los sanandresitos, en donde se encuentran imitaciones burdas de relojes Cartier, carteras Louis Vuitton, perfumes Carolina Herrera.

Esa es la denominada “doctrina” del uribismo, hoy rebautizada con el nombre igualmente engañador de un movimiento cuyo objetivo es volver a controlar el poder en el cuerpo de su jefe, si puede violar otra vez la Constitución, o en últimas, en el de un mandadero suyo, un gobernante sin voz, voto o voluntad propia. Un oscariván o un jcvélez, por ejemplo. Así, para generar mayor sensación de “seguridad democrática”, a los sacerdotes de la secta no les bastaron los triunfos reales de los combates sino que propiciaron, con sus discursos autocráticos, la ejecución masiva de falsos positivos en la guerra. Para restarle legitimidad a las ONG, a los sindicatos y a las organizaciones campesinas e indígenas, les crearon agrupaciones espejo con gente de dudosa procedencia y pago. Para adquirir respetabilidad, compraron a algunos “intelectuales” que se envilecieron por unos contratos. Para derrotar a los opositores, les inventaron escándalos. Y para impedir que los jueces los sancionaran, doblegaron a los dóciles y les hicieron montajes a los honestos, pero declarándose ellos —los persecutores—, perseguidos que requieren asilo político. Todo falso.

María del Pilar Hurtado, exdirectora del DAS y ordenadora de un operativo de espionaje ilegal a los magistrados que conocían los procesos de los compañeros del gobierno al que ella tan servilmente perteneció, fue la primera en huir de sus culpas. Contó con la complicidad de su presidente y de uno extranjero de regular fama que la acogió. Y con la ayuda económica de un magnate nacional, agradecido con el incremento que tuvo su fortuna por ser beneficiario de licitaciones de gran envergadura. Falsa exiliada.

Luis Carlos Restrepo, alto exconsejero presidencial y psiquiatra de su superior (extraña combinación de roles: dominado y dominador), viajó al exterior y no regresó, autocalificándose como reo injusto de la Fiscalía cuando sus abogados calcularon que era inminente su detención por su presunta responsabilidad criminal en la desmovilización de una falsa columna guerrillera. Con argucias y con el concurso de una jueza indigna de la toga que le prestaron —según el tremendo regaño que la Corte Suprema le propinó por su actuación en este caso—, logró demorar la orden internacional de captura que, de todas maneras, acaba de reactivarse. La Interpol tendrá que buscarlo y traerlo, si antes no consigue asilo con la colaboración de quien llevó a Hurtado a Panamá. Después de la cuasi destitución de la Corte, la juececita también se proclamó blanco de supuestas amenazas. Le otorgaron, por rara coincidencia, una beca y se va en momentos en que su comportamiento es evaluado por las autoridades judiciales. Falsas víctimas.

En la fotografía de personajes maquillados con la técnica digital del Photoshop que dibuja seres perfectos hacía falta un periodista postizo, plantado en los medios para insultar a los columnistas independientes con el fin de confundir a la opinión. Ernesto Yamhure, quien, de acuerdo con información de El Tiempo, “va camino de repetir (la situación) del excomisionado de Paz Restrepo” porque ha incumplido cuatro citas con los fiscales, era un burdo defensor de Álvaro Uribe al que le debía estadía remunerada en Europa. Yamhure tendría que presentarse en los estrados por sus nexos con el jefe paramilitar Carlos Castaño. Pero no asistirá porque está programado para repetir el libreto del exilio y el de los sanandresitos, donde, sí, todo resulta falso: brilla por encima y nada, por dentro, es oro.

 

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