Por: Rafael Orduz

Los primos

Anselmo conduce taxi en BUcaramanga. Nació en el campo, entre San Andrés y Guaca, en la provincia de García Rovira, Santander. Vive con sus tíos, que se mudaron a la capital luego de que la hija, que perteneció al Eln, entrara al programa de reinserción.

Cuando tenía 13 años se enamoró de un guerrillero por la pinta, el uniforme y el arma, muerto hace 12 años y con quien tuvo un niño. Participó en varias de las tomas violentas en la región y también estuvo presa. Hoy vende repuestos de celulares. En el Ejército, Anselmo combatió a su prima en las montañas de García Rovira.


Los pueblos de la provincia están más olvidados que nunca, pese a que la mayoría data del siglo XVI. Eso sí, desde la Colonia, en tiempos de contiendas, hombres y mujeres han sido siempre útiles como carne de cañón, dada su localización estratégica. Municipios de García Rovira, junto con los de la provincia boyacense de Gutiérrez, han sido paso obligado de Cúcuta a Bogotá, a la Sierra Nevada del Cocuy, a los Llanos y Venezuela.


La vía Málaga-Los Curos, de 124 km y que comunica con Bucaramanga, es una trocha. Con pocos kilómetros de vía pavimentada, buena parte es de un carril, al borde de tenebrosos abismos. Está peor que hace 30 años, por negligencia de los políticos santandereanos y la ignorancia de la burocracia que despacha en Bogotá.


Fuera de los aportes a la causa de El Común y a la lucha de independencia, el cuento de los colores partidistas sí que costó sangre en García Rovira. Málaga conservadora, La Concepción liberal y, así sucesivamente en los demás pueblos, proveyeron combatientes en los Mil Días y, en los años 30, matones liberales que asolaron pueblos godos y, al tenor del 9 de abril, primero chulavitas y luego guerrilleros liberales que Rojas amnistió.


García Rovira fue presa del Eln y las Farc en los noventa, que asaltaron buena parte de los pueblos, asesinaron a sus anchas y postraron la magra economía de la región (Capitanejo, 1996; Guaca, 1997; San Andrés, 1998).


Entre el 96 y el 98, Anselmo prestó servicio militar en la Quinta Brigada en Bucaramanga, algunas de cuyas tropas fueron enviadas a repeler la guerrilla. En días de permiso, él y la prima se las ingeniaban para encontrarse, de civil, en San Andrés o Guaca. “Aquí te adoro, primo; en el páramo tengo que dispararte”, le decía.


Entre 2000 y 2004, las atrocidades corrieron a cargo de los paramilitares (algún miembro del Bloque Central Bolívar ha reconocido veinte masacres). La guerrilla fue diezmada y muchos civiles fueron asesinados. Los primos son dos jóvenes sobrevivientes de la última oleada de violencia en la provincia.


García Rovira se hunde en el aislamiento, a la espera de la siguiente tanda de barbarie. Ya en algunos pueblos de la provincia y también de la Sierra Nevada hay indicios de reagrupamiento Eln-Farc.


El presidente se reunió con los alcaldes en enero y les prometió la pavimentación Málaga-Los Curos. El gobernador Serpa había dicho lo mismo. ¿Cumplirá?

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