Por: Antonio Casale

Los problemas de los ricos

Por fortuna, el éxito en el fútbol no depende solamente de tener dinero para armar grandes nóminas. El Real Madrid la pasa mal. Dos derrotas consecutivas son suficientes para poner en crisis al club más poderoso del planeta. Una ante el recién ascendido Girona, que lo tiene a ocho puntos del Barcelona, y una espantosa presentación ante el Tottenham en Wembley son la radiografía de un equipo que no está funcionando como hace unos meses.

No hay duda de que cuando uno cuenta en la nómina con Cristiano, Benzema, Bale, Isco, Kross, Marcelo, Ramos, Carvajal y Keylor no tiene de qué preocuparse. El problema es que el mundo de hoy exige salir de las malas rachas rápido y, curiosamente, el Madrid no cuenta con jugadores similares en el banco. Es increíble, pero el club más rico del planeta tiene una nómina corta.

Es cierto que contar con suplentes de lujo como Morata, James y Pepe es contar con un camerino caliente. Lidiar con el ego de los suplentes de ese corte es lo más difícil de gestionar. Hacerlo es una de las funciones principales de un buen líder.

No tenerlos lleva a los titulares a una zona de confort natural que supone la ausencia de presión por parte de sus eventuales reemplazos. La ausencia de una competencia sana por el puesto los lleva a que inconscientemente se sientan dueños de su titularidad. Esa competencia es necesaria para que su nivel se mantenga.

A Zidane se le salieron los suplentes de lujo de control. Era insostenible la continuidad de Morata, quien dijo recientemente que su peor error fue haber vuelto al Madrid después de su paso por Nápoles, pues se sintió que lo trataron como el niño que era antes de su periplo italiano.

Lo de James ya lo conocemos, y por la misma senda transitó Pepe. En este caso era más fácil salir de ellos que del francés, porque no tenía presentación salir de un técnico que lo ha ganado todo en tan poco tiempo.

En ese sentido, la estrategia para este año consistió en confiar el banco a las jóvenes promesas, como Borja Mayoral, Nacho, Theo o Lucas Vásquez. Todos buenos jugadores en proyección, pero todavía lejos de los que se fueron. Esto representa un cambio en la manera de hacer las cosas, más por necesidad de mantener el vestuario unido que por la convicción de jugársela por los jóvenes.

Con la clasificación a la segunda ronda en la mano, la Champions da espera para que los estelares retomen su nivel en un equipo en el que las individualidades priman sobre el juego colectivo. Pero la distancia en la Liga es cada vez mayor. Aunque es un torneo largo, los merengues ahora dependen no sólo de retomar su nivel sino de algún tropiezo del Barcelona, que tampoco cuenta con una nómina muy amplia que digamos. Los ricos también tienen problemas.

 

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