Por: Nicolás Rodríguez

Los profesores del fútbol

“Que sigan los que son y nada más”, dijo un popular locutor para referirse a los equipos que en su colonizada cabeza tienen que ganar el Mundial de Fútbol.

 Se refería a casos como el de Inglaterra, que ganó su última y única copa en 1966, jugando de local. De Costa Rica, como se sabe, explicó (también le dicen profesor) que si pasaba a octavos “le bajaría el nivel” al campeonato mundial. Un comentario honestamente depresivo.

La sabiduría del señor nadie la pone en duda: básicamente nada de lo que dice ocurre. Y cuando ocurre, es al revés. Lo cual tampoco es que importe de a mucho pues no es el único que con sus prejuicios ha hecho ciencia y se ha forjado una envidiable carrera. Ahí está el también profesor Iván Mejía, cuyos favoritos eran Italia e Inglaterra (¿quién más?) y a quien se acusa en Twitter de haber dicho que los arqueros “negros” no son buenos. Otro buen profe que nos enseña, que nos ilustra (que sube el nivel).

Del fútbol esta gente saca leyes naturales y construye sus propios mapamundis. Los negros corren como locos, son explosivos, fuertes y resistentes. Los reflejos son para los blancos. Los japoneses son ordenados y tranquilos. Muy metódicos pero débiles. Los alemanes son racionales. Entienden el fútbol. Los africanos no se pueden concentrar todo el partido (y básicamente no tienen quien tape). Los ingleses son puntuales en sus pases. No fallan un penalti. Los italianos tienen elegancia y estilo. Los españoles simplemente son superiores. Los latinos se pasan de emocionales. Sus equipos arriesgan mucho y lo pierden todo. No saben ahorrar.

La clase de geografía humana sigue y sigue, en una insufrible verborrea que ante sus oídos es prueba de refinamiento y motivo de orgullo. Como cuando se dice sin pena alguna que en Colombia se habla el mejor y más puro español del mundo.

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