Por: Arturo Guerrero

Los que la tienen clara

Los últimos 12 meses han servido de mucho en Colombia. Han hecho que muchos la tengan clara. ¿Qué tienen claro los que la tienen clara? La situación, la realidad. Esta iluminación se ha producido como efecto del contraste.

Cuando las aguas están calmadas no se adivinan los peligros, nadie piensa en escualos. Pero si el mar se pone arisco y los navegantes otean la catástrofe, la adrenalina se sulfura y todos son una misma mano para salvar la nave. Es el momento en que la tienen clara.

Hasta mitad de 2018 el país estimaba que el horror, por fin, había dejado de ser la leche agria del desayuno. Quizás el símbolo más conmovedor eran las salas vacías de mutilados en el Hospital Militar. Para no hablar de los montones de fusiles guerrilleros depositados en los hornos de fundición. Luego de dos siglos de matanzas, la muerte se batía en retirada. 

Pero llegaron los bárbaros a cumplir con sus promesas de trizas, a ponerles torpedos a los magistrados transicionales, a montar barricadas contra la verdad de sus fechorías no purgadas, a revivir la muerte de las ejecuciones extrajudiciales, a ordenar disparos contra campesinos que estorban en las notarías. Entonces la atmósfera se empuercó.

A un año de semejante frenazo histórico, multitudes la tienen clara. Las furias están desatadas, la gente del campo otra vez tiene que correr de madrugada para salvarse de panfletos amenazantes, el Hospital Militar se ahorra camas porque los soldados pasan directamente de la bandera a la morgue.

Quienes la tienen clara hacen música y canciones con orejas de burro, dibujan memes y caricaturas en zapatos Crocs, ganan en deportes y no quieren que los políticos se acerquen a sus homenajes, manejan taxis donde se escuchan trovas y parodias con carriel y poncho. Cuando se toman sus cervezas, brindan con sus amigos por la risa de venganza.

Cuando las olas carmesís tienden a ahogar el ánimo, los que la tienen clara se inventan una marcha, una minga, y retumban metiendo miedo en las oficinas gubernamentales. Los gases policiales contribuyen entonces a la claridad de los que la tienen clara.

Los millennials y centennials sí que la tienen clara. Son nativos digitales, nativos de la incredulidad y nativos de la cuchillada en la madrugada. Saben perfectamente qué es lo que odian y vislumbran un escenario favorable a sus energías exuberantes. Igual sucede con mujeres, indígenas, negros, minorías sexuales, los excluidos y maltratados de siempre.

Esta turba potente es la que la tiene clara. Aguzan ojos y oídos hacia Puerto Rico y sus cantantes elocuentes, hacia los nuevos cineastas estremecedores, hacia los poetas videntes e indocumentados que hacen chillar el lenguaje. Sienten que el arte, la ironía y el apego por la materia de los huesos son disolventes profundos de la carroña histórica.

Luego del desastre de las oligarquías y del chasco de los déspotas de izquierda, subsiste para los que la tienen clara el respiro de la democracia y de sus urnas. Cada dos o cuatro años, y por encima de fraudes y tamales, aún es posible dar sorpresas multitudinarias.

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