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hace 5 horas
Por: Danilo Arbilla

Los que mandan

“En cuatro días sacaron a Evo con una linda patada en el culo y había hecho flor de gobierno. Maduro más cagadas de las que ha hecho no puede hacer. El campeonato mundial de cagadas lo gana él. Y sin embargo está. ¿Y por qué está?”.

Tales afirmaciones pertenecen al polémico pero siempre llamativo expresidente de Uruguay y reelecto senador José Mujica. El extupamaro las hizo hace unos días a Voces, semanario de izquierda uruguayo. Se refirió fundamentalmente a asuntos internos y causó gran revuelo dentro de su partido, el todavía gobernante —hasta el 1º de marzo— Frente Amplio. Habló de las causas de la derrota y de las cosas que se hicieron mal. Entre estas: no entender la cuestión militar. Sobre el manejo que se ha hecho de ese tema dijo: “Ahora la izquierda los putea. Es un problema de infantilismo. Tenemos un infantilismo brutal. Yo sé que hay militares golpistas hijos de puta, pero también hay militares de los otros. (…) Porque los de izquierda somos bocones. No luchamos por el poder sino por la bulla. Si lucháramos por el poder le daríamos gran pelota a la cuestión militar. No es lo que decide la historia, pero la historia no se entiende sin eso”, advirtió el exguerrillero.

Al hablar de la cuestión militar fue que Mujica explicó la situación a nivel regional: por qué se aguanta a Maduro y la salida de Evo.

Del boliviano añadió que hubo una “metida de pata”: la de insistir con la reelección. Pero dijo que no era culpa de Evo sino de la dirigencia de su partido y que además fue una cuestión racial y del capital internacional: “No podían permitir que un indio les maneje el litio”.

De cualquier forma, Mujica no pudo esquivar una visión hemipléjica. Esa potestad “progresista” de utilizar distintas varas para medir iguales hechos, dependiendo de si son amigos o si no lo son. Se olvidó de citar, por ejemplo, el caso de Ortega en Nicaragua, también, como Maduro, sostenido por los militares. Tampoco explicó que los militares venezolanos son parte la corrupción chavimadurista —que están todos bien acomodados—, ni se refirió a la intervención cubana. En cuanto a Bolivia, ignoró que uno de los problemas de los militares bolivianos es que Evo había formado un ejército paralelo con sus “hermanos” cocaleros, plantadores de coca y no de la destinada para masticar, precisamente, lo que explica las muertes y duros enfrentamientos entre un bando y el otro.

Pero tiene razón cuando dice que la cuestión militar no se puede desconocer. El fin de las dictaduras militares de los 70 y 80 no implicó la desaparición de los militares. Salieron muy debilitados en muchos casos, Argentina y Uruguay, y más despacio en Chile.

Pero están ahí.

En Ecuador han mantenido una conducta institucional y equilibrada y no se dejaron manipular políticamente como pretendió el correísmo. En Colombia siguen sin grietas, sin distraerse y sin olvidar quiénes fueron sus enemigos, quiénes han vuelto y quiénes nunca dejaron de serlo, tanto en lo interno como en lo externo.

Más el caso de Brasil. Aquí, simulada y prudentemente mantienen los hilos del poder.

Declararon una amnistía para todos — militares y guerrilleros— y se apartaron un poco, pero mantuvieron el tutelaje. Y esto no ha cambiado desde su “retiro” formal hasta la fecha. Ni durante los gobiernos del PT de Lula —quien supo hacer buena letra en ese sentido mientras fue presidente—, ni ahora con Jair Bolsonaro. Cuando este pretende ir más adelante, enseguida le hacen “bajar algunos cambios”, como se ha visto. Miran mucho el “termómetro” social, aflojan y aprietan según los tiempos, y están muy atentos a los números de la economía. Si estos son buenos, tanto da el “signo” del gobierno.

Más allá de las informaciones internacionales, las historias de los enviados especiales y las actitudes oportunistas y desubicadas de algunos gobiernos de la vieja Europa y noveles gobernantes de la región —no el caso de Evo, por cierto, que siempre fue muy cuidadoso con su gran vecino y socio—, en Brasil las riendas siguen en manos de los uniformados. Atrás del biombo, sí, pero sin apartarse. Dicen que muy asesorados por Itamaratí— la activa y bastante decisiva Cancillería brasileña— y atentos a las inquietudes de los industriales de São Paulo. Y es así, pero se trata de un trío en el cual, llegado el caso, los militares tienen derecho a tres votos.

Decididamente, la cuestión militar no es un tema a ignorar.

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