Por: Augusto Trujillo Muñoz

Los que se asomaron al poder

Como lo escribe el ex presidente Belisario Betancur, se trata de una obra sobre los caminos de éxito y nostalgia de sus protagonistas.

Su autor perfila en ella la dimensión política de ocho colombianos que se asomaron al poder presidencial, pero no alcanzaron a agarrarlo con las manos. La muerte frustró sus propósitos y el país no podrá saber jamás cuál hubiera sido el desarrollo de su historia si alcanzan a dejar gravada su impronta en ella, como jefes de Estado.

Al escribirla, Guillermo Alberto González Mosquera se pasea por el suceso histórico nacional con objetividad y talento. Es él un colombiano ilustre, cuya vida ha transcurrido entre las ideas y la acción, porque se desempeña con la misma solvencia en su condición de hombre de gobierno que de hombre de universidad.

Alguna vez oí decir al maestro Darío Echandía que el ejercicio del poder con dignidad personal y honradez intelectual le abre al estadista las puertas del honor y la gloria. En nuestra historia –antigua y reciente- ha habido gobernantes a quienes les ha quedado grande la grandeza. Los que estudia González Mosquera, alcanzaron honra y prez sin haber ejercido el poder presidencial.

La historia es madre y maestra. Alzate y Gaitán, Gómez y Galán, para citar sólo los cuatro líderes que desaparecieron cuando ya no podían renunciar a su compromiso con sus ideas y con el país se parecen, como pocos, a su época. Los dos primeros fueron hombres de confrontación, los dos últimos fueron proclives al consenso. Así fueron la primera mitad y las dos últimas décadas del siglo xx.

Alzate era un incendiario con alma de bombero que a veces trastocaba esos términos. Gaitán era una pasión incontenible, capaz de movilizar el instinto colectivo entre el resentimiento y la esperanza. En cierta forma ambos tenían el mundo como contraparte. La muerte sorprendió a Gómez y a Galán insistiendo en la necesidad de la deliberación para el acuerdo. Como decía el primero de ellos “para un acuerdo en lo fundamental”.

El signo de los tiempos: Gilberto Alzate Avendaño y Jorge Eliécer Gaitán se formaron en un mundo de entreguerras, para el cual era más importante la victoria que la paz. Álvaro Gómez Hurtado y Luís Carlos Galán, sin claudicar de sus convicciones, privilegiaron la democracia sobre la ideología. Sólo así se construye convivencia en la sociedad plural de los tiempos que corren.

Abusando de una frase del profesor Antonio García sobre Gaitán, podría decirse que todos ellos fueron hombres históricamente necesarios: no sólo sobreaguan en las mareas que desata la historia, sino que conducen, abriendo el cauce para que fluyan las corrientes sociales represadas, o estrechándolo para impedir el desbordamiento.

Guillermo Alberto incluye también otras figuras, de singular inteligencia, que también se asomaron al poder presidencial sin conseguirlo, aunque menos omnipresentes, a mi juicio, en la historia de su tiempo. En todo caso el suyo, como todo gran libro, genera en el lector reflexiones múltiples.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable1

 

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