Por: Juan Carlos Gómez

Los retazos de la televisión

A la televisión le va bastante mal en el proyecto de ley del Plan Nacional de Desarrollo que se presentó el viernes pasado a consideración del Congreso de la República.

En la correspondiente exposición de motivos no aparece ni una sola vez la palabra “televisión”, luego habrá que escarbar en otros documentos para encontrar las razones que alegaron los autores del proyecto para darle semejante trato a este medio.

Difícilmente podrá justificarse que un plan inspirado en los principios de paz, equidad y educación, en lugar de trazar lineamientos para el fortalecimiento de la televisión, se dedique a poner un parche allí, un parche allá, de manera deshilvanada, sin ninguna filosofía ni principio orientador que permita descifrar a dónde se quiere llevar esta industria en el “nuevo país”.

¿Le llegó la hora final a la industria nacional de televisión? ¿Se le quiere entregar el Canal Uno a una sola empresa? ¿Se desprecia la producción nacional y se prefieren los enlatados extranjeros? ¿Se quiere, por fin, expedir el certificado de defunción de la televisión ante el auge de internet? ¿El sector de las TIC se va a llevar una buena tajada de los recursos de la televisión?

¿Es verdad que va a desaparecer la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV) en uso de las facultades extraordinarias que solicita el Gobierno en el proyecto del Plan de Desarrollo? ¿En qué quedó la ley de política de televisión que se prometió cuando se le quitó el rango constitucional a la regulación del servicio de televisión?

Estos y otros interrogantes llevan a pensar que, bajo los lineamientos del buen gobierno, el tema de la televisión merece mayor sindéresis. Ojalá en el Congreso de la República se imponga la sensatez y se excluyan del Plan de Desarrollo los retazos con los que se quiere tapizar la pantalla.

En medio del desolador panorama de la regulación de la televisión en Colombia, hay que advertir que este país está a punto de convertirse en un especie de Somalia en materia de derechos de autor. Por ese camino nos llevan quienes sostienen sin ruborizarse que, como principio general, resulta lícito despojar la propiedad intelectual para que reine la libertad de información.

 

@jcgomez_j

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