Por: Uriel Ortiz Soto

Los retos del nuevo Minagricultura

Recibe el nuevo Minagricultura, un País azotado por la sequía, y sin ningún plan de contingencia serio, que nos permita asegurar que las catástrofes por los cambios climáticos están bajo el control con planes y programas preventivos.

El saliente ministro Ruben Darío Lizarralde, fue muy inferior a los retos que tan importante cartera debe cumplir en lo social, especialmente para que sea abanderada de los proyectos postconflicto que se avecinan con el tan dilatado proceso de paz, si es que logra firmarse.

Uno de los grandes desafíos que tendrá que sortear el Ministro Iragorri, es el de reestructurar las instituciones agropecuarias dependientes del Ministerio de Agricultura: Banco Agrario, Ica e Incoder. Y posteriormente meter en cintura a una serie de organizaciones, fundaciones, asociaciones, corporaciones y cooperativas, que se constituyen única y exclusivamente para robar los dineros que aporta el Gobierno Central, para proyectos de desarrollo rural en beneficio de pequeños y medianos productores.

Pero, hay una institución por la cual todos clamamos, puesto que es el soporte para financiar las labores agrícolas y es el Banco Agrario. Lamentablemente esta entidad que surgió como sustituto de la difunta Caja Agraria, hoy: Remanentes Caja Agraria en Liquidación, se encuentra en cuidados intensivos, según reportes de última hora, está viviendo como entidad financiera los últimos días, todo parece indicar que lleva el mismo lastre de su antecesora: Caja Agraria que por ser el botín financiero de políticos y altos funcionarios corruptos, aún continúa dando tumbos de agonía con más de millón y medio de pequeños y medianos productores, que, no obstante haber cancelado sus obligaciones, las hipotecas continúan vigentes y para cancelarlas se tienen que someter a un engorroso y costoso trámite en la entidad denominada: Remanentes Caja Agraria en Liquidación, a cargo de Fiduprevisora.

No por culpa de pequeños y medianos productores que por lo regular cumplen con sus obligaciones, es que la entidades financieras del Sector Agrario, desaparecen, sino, porque las altas fuentes de poder se han lucrado y beneficiado de ellas, con préstamos irregulares: recordemos no más los casos de Agro Ingreso Seguro, AIS, fuera de otros créditos, muchos de ellos ordenados por los Gobiernos y Ministros de Turno.

Estamos esperando que vaya a pasar con el proyecto elitista, Diamante Caribe, que implementó el saliente ministro Lizarralde, puesto que en su conformación y desarrollo deja mochas dudas, sobre todo con los antecedentes que tiene el susodicho señor con las cooperativas de papel constituidas en los Santanderes, donde aparecen más de 120 campesinos estafados.

Si queremos lograr una política agropecuaria, concordante con las actuales exigencias del Proceso de Paz y los mercados nacionales e internacionales, se debe hacer una evaluación de mucho fondo sobre su problemática social, estructurando lo que por esta columna hemos llamado: Desarrollo Rural Integrado, que recoge todas las necesidades de los habitantes de las áreas rurales, desde su razón de ser, hasta otorgares pensión de vejez, invalidez, auxilio funerario, vivienda con servicios domiciliarios y programas de salud.

Esto se logra simple y llanamente, acercando más el Estado al campesino, haciendo a un lado tanta intermediación innecesaria. Existen en la Capital de la República y otras ciudades del País, una serie de empresas que mal contadas se aproximan a las dos mil personas jurídicas, que si se les hace una auditoría para evaluar entre lo que reciben y lo que hacen, en su mayoría se rajan, y los beneficios que reciben los campesinos de ellas son casi que nulos.

Estas denuncias se reciben en las plazas públicas, sencillamente con los mismos beneficiarios, recolectores y cosecheros, que no logran entender el porqué entre ellos y el Gobierno existe tanta intermediación que finalmente no beneficia a ninguna de las partes.

Aunque al nuevo Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, doctor Aurelio Iragorri, no lo conoce el País como ejecutor de proyectos agropecuarios, si vale la pena resaltar que su paso por el Ministerio del Interior, deja huella de ser un buen conciliador, como se le vio en los paros Agrario de los años: 2012 y 2013.
En este aspecto creo que el Presidente Santos hizo un acierto, puesto que los pliegos que se firmaron para conjurarlos pese a que en su mayor parte, no se les ha dado cumplimiento, los campesinos continúan esperando, puesto que de lo contrario, tal como ocurrió en veces anteriores basta con una simple convocatoria, para poner nuevamente en apuros al Gobierno, y en este caso el doctor Iragorri conoce al dedillo cual debe ser su manejo, y cómo llegar a sus líderes para que den un compas de espera.

También, son varios los desafíos que le corresponde afrontar y es encauzar el Sector Agropecuario en concordancia con el Proceso de Paz, que adelanta desde hace veinte meses el Gobierno con la guerrilla de las Farc. Pero lo más importante, es que se fijen políticas agropecuarias productivas, es decir que alimenten la etapa del Postconflcto.

No olvidemos que los guerrilleros ya reinsertados, no va, a ser fácil engancharlos con proyectos de medio pelo, puesto que están acostumbrados al negocio de la coca, la extorsión y el chantaje, que desde hace más de cincuenta años los explotan en forma desalmada y criminal, pero que al final de cuentas han sido el sostén diario y su razón de ser como status “revolucionario”.

Lamentablemente en el primer mandato del Gobierno Santos, los ministros que ocuparon dicha cartera fueron inferiores a las enormes responsabilidades que esto conlleva, puesto que de nada nos sirve firmar la Paz, si posteriormente no tenemos con que alimentarla.

Por esta columna hemos insistido y lo seguiremos haciendo, que los proyectos postconflictos que vayan a apuntalar el Acuerdo de Paz, deben estar regulados por proyectos productivos en cada una de las regiones de Colombia, donde exista población reinsertada y desmovilizada. Hasta la presente fecha y después de 18 meses de diálogos en la Habana, no se conoce la estructura de alguno de ellos.

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