Por: Columnista invitado

Los rusos, asunto de vieja data

Colombia se encuentra una rencilla diplomática con Rusia y todo parece indicar que la contrarrespuesta del Estado colombiano quedará sólo en notas y líneas diplomáticas.

Las relaciones bilaterales entre Rusia y Colombia son cordiales, pero carecen de confianza. Hacia 1790 Francisco Miranda (prócer de la independencia de la Nueva Granada) fue recibido por Catalina la Grande, quien le confirió el grado de coronel del Ejército del Imperio, acontecimiento que está plasmado en las memorias de Miranda.

Asimismo hubo voluntarios rusos en las filas del ejército de Bolívar, entre ellos Ivan Miller e Ivan Minuta, cuyos nombres están grabados en una placa en Caracas. Estos eventos responden a una lógica imperial de intereses extracontinentales en una zona estratégica, la cual manifiesta que no sólo Europa y sus potencias tenían a la región en su tablero, sino también un gigante de Asia.

Bajo el rompecabezas geopolítico, no es la primera vez, como se piensa, que Rusia tiene intenciones de controlar el paso estratégico de un canal interoceánico en América. En 1824 arribó desde Moscú Mijaíl Skibítzki, un teniente que se sumó a las filas de Bolívar y que poseía una formación en ingeniería. Skibítzki tenía en mente un proyecto de unir los océanos Atlántico y Pacífico, pero su plan no alcanzó a prosperar.

Los rusos no se quedaron ahí, y en 1926 el Centro de Estudios Botánicos de la Unión Soviética puso en marcha una expedición de seis meses por la cuenca del Magdalena y por la región Amazónica. Sus resultados fueron acaparados en la colección del acervo de genética mundial. Posiblemente por razones políticas, la cercanía entre Colombia y Rusia no ha pasado de lo cordial, por eso Moscú ha tenido que mirar otras plazas como Nicaragua.

El caso con Nicaragua es mucho más que interesante. Los sandinistas reconocen el papel que el Kremlin ha desempeñado en la nueva coyuntura mundial y Moscú reconoce que Managua es mucho más que un atractivo geográfico: es, bajo la lupa rusa, un foco para irradiar su influencia y ocupar espacios cedidos por Estados Unidos. La visita del general Nikolay Patrushev (secretario del Consejo de Seguridad de Rusia) en días pasados a Nicaragua deja en evidencia la fluida relación entre ambos. La agenda fue más que protocolaria y tocó asuntos sensibles, entre ellos la dinamización de consultas de carácter permanente que permitirán coordinar posiciones sobre los principales problemas de seguridad internacionales. Cabe resaltar que, gracias a Rusia, en Managua se creó un centro de entrenamiento para agentes antidrogas de Centroamérica. Finalmente, es comprensible, bajo una lógica realista, que con la hipótesis de una guerra entre Colombia y Nicaragua, Moscú tome partido; pero no significa que Estados Unidos haga lo mismo.

 

César Augusto Niño ** Profesor de relaciones internacionales.

 

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