Por: José Manuel Restrepo

Los sabios mensajes sociales y económicos de Francisco

A una semana de la visita del papa Francisco a Colombia aún resuenan los mensajes que dejaron boquiabierto a más de uno. Fueron su presencia y palabras ejemplos de bondad, humildad, entrega, equilibrio, esperanza y grandeza de un líder no sólo religioso o pastoral, sino intelectual, humanista y profundamente humano. Cada encuentro, y tuve la oportunidad de asistir a varios, era una lección de vida y un mensaje para reflexionar y para actuar. Genera risa que muchos políticos intentaran, por ejemplo, capitalizar a su favor una u otra frase. Basta ver los trinos o publicaciones en redes sociales para comprobar cómo el papa Francisco cautivó a unos y otros, porque había mensajes para unos y para otros, incluso hasta para los antiguos grupos armados. En realidad, Francisco le habló a toda la sociedad, incluso a la que no es católica, porque su mensaje tocó las fibras más profundas de la naturaleza humana, aquella que necesita esperanza, amor, sabiduría, respeto y sencillez.

Para mi gusto, el mensaje central giró alrededor de tres asuntos: de un lado, la necesidad que tenemos en Colombia de una “cultura del encuentro”, mensaje que envió a jóvenes y adultos. Una cultura que nos invita a superar las diferencias, a que seamos capaces de lograr la unidad (en una nación que está profundamente polarizada). Una cultura que nos permita construir un país en paz, reconociendo los esfuerzos de las últimas décadas para poner fin a la violencia armada y encontrar reconciliación, pero simultáneamente destacando los avances del último año como un camino de esperanza. Es imposible, entiendo yo, construir esperanza en una sociedad dividida y enfrentada como la de los primeros años de nuestra historia como nación independiente.

El segundo mensaje central fue la urgencia de reconciliarnos y de perdonar. Pero para perdonar hay también un mensaje explícito a que haya justicia, en donde no prime “la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley”. Además de justicia (y no pseudojusticia), que exista una gran dosis de verdad (incluidos los temas de violación a los derechos de las mujeres y la verdad de los niños reclutados), de reparación y no repetición.

El tercer mensaje es la reconciliación con el medioambiente, que no es nada distinto a la necesidad de cuidar de nuestra casa común. Referencias explícitas a la Amazonia, el Chocó o la Orinoquia hablan de que debemos cuidar nuestra biodiversidad, aprender de las comunidades indígenas en su respeto a la vida y lograr un pleno desarrollo sostenible en nuestra nación. Pero estos tres mensajes están conectados alrededor de una idea central, y es que si somos capaces de lo anterior, tendremos la fuerza y capacidad suficientes para enfrentar problemas centrales del país de hoy, como son la injusticia, la inequidad, las violaciones al derecho a la vida y a los derechos humanos, la corrupción, la marginalidad y la pobreza.

Siento que la invitación central de Francisco es que ahora que nos ha dejado, seamos nosotros los que demos ese primer paso a la construcción de un país con esperanza, con equidad, con justicia, con prosperidad y con integridad. Esa alusión a nuestro Escudo Nacional de Libertad y Orden es también una invitación a que esta tarea debe ser entre todos, y no puede ser el resultado de unos políticos o de un gobierno de turno. Son tan retadores los desafíos que tenemos por delante, que no van a ser posibles si no construimos ese espíritu de unidad, en el que habrá seguramente distintas aproximaciones, pero no puede haber intereses mezquinos de uno u otro lado.

Finalmente, un reconocimiento aparte al mensaje a los jóvenes para que sueñen en grande con alegría, para que abracen al marginado y a la diversidad, y para que nos eduquen a los adultos en que seamos capaces de perdonar, de superar el odio y de unirnos en una nación que necesita de todos para los desafíos que tiene por delante. Qué buen mensaje el que dejó Francisco ahora que arranca la campaña electoral, en la que aspiramos a que todas estas palabras no hayan sido dichas al viento.

[email protected] y @jrestrp

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