Por: Julio César Londoño

Los sabios y el "Pistolero"

Sabíamos que el fútbol moderno es mejor, más difícil, más dinámico, no hay funciones fijas: el marcador es también “carrilero”, el puntero marca la salida de los defensas, el portero debe tener dominio de la pelota.

 En el mundial de Suecia 58, un jugador corría 4 km/partido; en Brasil el promedio estará por encima de 8.

La marca se intensificó hasta la asfixia y los espacios se redujeron al mínimo; por eso la gambeta, que ayer era la regla, hoy es la excepción. El rutilante video de Maradona driblando 50 metros de ingleses tiesos, es hoy una tierna postal sepia. La marca escalonada no tolera ya lindezas semejantes.

Ayer primó lo táctico, hoy prima la estrategia. Ayer veíamos una danza en cámara lenta; hoy, un ajedrez en cámara rápida —uno o dos toques, y ya— con súbitos destellos de alta plasticidad. Antes, el jugador recibía la pelota y empezaba a pensar. Hoy debe tener el mapa completo de la cancha en la cabeza antes de recibir. El fútbol fue bárbaro y oral, ahora es civilizado y semiótico: la tarjeta amarilla significa “Pilas, malparido”; la roja, “¡Afuera, hijueputa!” (las malas palabras no pueden ser excluidas de un deporte que es una metáfora de la guerra).

Se sabía también que las distancias se habían acortado, ¡pero no imaginábamos hasta qué punto!

Nadie esperaba tantas sorpresas en este Mundial. Que estemos sorprendidos los aficionados rasos, vaya y venga, pero es incomprensible que los sabios del fútbol no hayan presentido nada, absolutamente nada.

Ni los Beckenbauer ni los Guardiola ni los Mourinho advirtieron que los campeones del mundo podían salir por la puerta de atrás en la primera ronda, que la encopetada Argentina tendría una actuación tan pálida como su camiseta y que los leones ingleses se irían a casa con cero puntos.

¿Por qué los Mejía, los Vélez, los Peláez y los César Augusto no sospecharon nunca el soberbio performance de Costa Rica? ¿Por qué los Pelé, los Valdano, los Barraza y los Chilavert, sabios que desayunan, almuerzan y cenan fútbol, nunca nos dijeron nada sobre la posibilidad de que Estados Unidos eliminara a la selección del mejor jugador del mundo ni sobre la temprana eliminación de Italia?

Claro, nadie habría dicho en mayo: “En el grupo de la muerte mi favorita es Costa Rica”. Pero un sabio debió decir: “Costa Rica no será un hueso fácil”. Algo así.

Si antes no advirtieron nada, lo que han dicho luego es peor. A raíz de la victoria de Costa Rica sobre Uruguay, Carlos Antonio Vélez dijo que la clasificación de los ticos “le bajaría nivel al campeonato” (¡hágame el favor!). Y todavía no tienen ni siquiera una hipótesis decente para explicar la debacle de España. Los oigo hablar del cansancio de sus jugadores, pero la verdad es que el 90% de los jugadores del Mundial tienen agendas similares a las de los españoles. Los oigo decir que a España la afectó el clima de la selva, pero no explican por qué no ha afectado a Holanda.

Y eso que son “analistas”, transpiran fútbol y sabían que el Barça, la base de la selección, no estaba caminando bien.

3:00 p.m.: Colombia vs. Uruguay. Millones de colombianos andan felices por la suspensión de Lucho Suárez.

Canallas.

Razonan como cualquier tahúr colombiano. O como la tía de James. Sin embargo, el de hoy será un lindo partido, porque se juegan la vida dos escuelas diferentes y poderosas. Uruguay saltará al campo con sus pergaminos, su coraje y su gran potencia aérea. Colombia lo hará con un blindaje alto, destrezas a ras de piso y artilleros letales. Pero sería más lindo si hoy pudieran saltar a la cancha el Tigre Falcao y el Pistolero Suárez.

La tragedia de un crack es siempre una tragedia del fútbol, sea cual sea la bandera que lleve en su pecho y en su corazón.

 

 

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