Por: Columnista invitado

“Los teatros deben expresarse por sí solos”: Mario Panizza

El arquitecto Mario Panizza, exdirector de la Universidad de Roma, fue el encargado de mostrar la relación de la arquitectura de los teatros en el mundo con la música en general, desde el siglo XVIII hasta la actualidad, sin encerrarse sólo en la ópera o en la denominada música erudita.

Panizza dio cuenta de la importancia de crear un ambiente que tenga empatía con los espectadores, generando un apego directo entre los actores de una ópera y el público que está sentado en las sillas de un auditorio. Además, una de las ideas principales que resaltó el arquitecto es la necesidad de gestar una fuerte alianza entre la ciudad y los edificios, cumpliendo con una unión cultural que debe estar presente entre las dos partes.

Un teatro cumplía dos propósitos principales. El primero se basaba en la música y la manera como la edificación debía estar estructuralmente establecida para recibir a cientos de personas y que todas escucharan y vieran el escenario de una manera clara e ininterrumpida. La segunda era más social, con la creación de un espacio que permitiera que la élite aristocrática tuviera un momento de interacción antes de comenzar la obra, obligando a que la misma organización de los edificios cambiara para que la vida social no influyera de manera negativa con el desarrollo del espectáculo.

En palabras de Panizza, “es necesario atar la ciudad con el edificio; de cierta forma la ciudad puede acoplarse con lo que lo rodea”, y lograr que, como lo hizo el arquitecto Philip Johnson Lincoln en el Lincoln Center, crear un valor simbólico que le proporcione una relación diferente a la sociedad frente a un auditorio. El teatro debe tener, por sí solo, una voz propia que exprese el valor simbólico que tiene ante el mundo.

 

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