"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 2 horas
Por: Hugo Sabogal

Los tecno-restaurantes

Ya son un hecho consumado las neveras conectadas a internet que permiten saber, con el toque de un botón, cuál es el estado de las existencias de legumbres, lácteos y cárnicos.

También se ha extendido el uso de sartenes que, con solo acercar la mano al mango, indican si el recipiente ha alcanzado la temperatura ideal para sellar una carne o hacer una tortilla española. Los hornos de vapor han reemplazado a los eléctricos o a gas, porque no secan las preparaciones.

Juan Manuel Barrientos, en sus restaurantes El Cielo (Bogotá y Medellín), ya trabaja con rotodestiladores para sacar extractos de productos naturales. Por ejemplo, una guayaba sale transformada en una mermelada pura. Y, en menos de un minuto, su Pacojet convierte lo congelado en algo distinto: un gélido y sólido lomo de res en una porción de carne molida.

Pero si los cambios en el cuarto de fogones están a la orden del día, igual ocurre con las innovaciones para el cliente (“cocina para afuera”). Y la lista crece y crece, como la masa de un buen pan. Y crece también la ansiedad de tener que aprender un montón de nuevas destrezas y situaciones para no quedarse rezagado. Y de perder la esencia de eso tan elemental que es disfrutar de la comida.

Si bien una reciente reseña preparada por la revista bonaerense “Joy” nos lanza las primeras puntadas, ninguno de los casos citados tiene todavía como escenario a Latinoamérica. Pero tarde o temprano, muchas de estas aplicaciones llegarán.

“Joy” reseña, por ejemplo, el Instamenú, basado en Instagram, que anuncia sus platos en las redes sociales para generar reacciones inmediatas de quienes los prueban. Reacciones compartidas con miles de usuarios. ¿Resultado? Persuasión de nuevos clientes a bajo costo. Introducido en Nueva York por el restaurante Cómodo (de delicioso acento latino), el Instamenú se ha extendido a otros establecimientos del mundo como Southport Grocery, en Chicago, Vapiano, en Australia, y The Four Seasons, en Las Vegas, entre otros.

Y qué tal el concepto desarrollado por el cocinero José Duarte, chef ejecutivo del restaurante Taranta, de Boston, quien imprime en cada plato un código QR con tinta de calamar. Así, el comensal puede leerlo con su teléfono inteligente para conocer los ingredientes, la receta y acceder a videos relacionados con el plato.

Inamo, ubicado en el londinense barrio de Soho, ha ido mucho más lejos, al instalar superficies virtuales sobre sus mesas. Una vez el cliente toma asiento, puede activar los listados de comida y bebidas, y luego accionar una cámara para ver cómo se prepara el plato. Tras pedir digitalmente la cuenta, solicita el servicio de taxi desde la mesa y asunto concluido.

Quizás uno de los establecimientos que han desafiado las leyes humanas es Timbre, de Singapur, que utiliza drones (meseros voladores) para llevar los platos de la cocina al comedor.

Claro, no todas estas novedades se limitan a exclusivos y costosos locales. En el Reino Unido, Pizza Hut está probando, en 300 de sus locales, una tecnología llamada Subconscious Menu, mediante una tableta que lee las intenciones mentales del cliente a la hora de escoger sus salsas. Y el programa de gastro-acústica Tummy Translator, de Domino’s Pizza, detecta con una aplicación las preferencias de las personas midiendo los ruidos del estómago al ver las diferentes opciones.

Otro desarrollo que ya se ve en varias plazoletas de comidas es la consola de autoservicio, como la que ha comenzado a instalar McDonald’s en varios lugares de Estados Unidos. El cliente selecciona los ingredientes de su plato sin tener que hablar con nadie. Mediante un dispositivo entregado por la máquina, se le avisa que la comida está lista para que la recoja.

¿Sorprendido? Debe estarlo, porque esta es apenas la guinda de la torta.

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