Por: Juan Esteban Constain

Los tiempos están cambiando

The Times es una de las instituciones más sólidas y venerables de Inglaterra, a pesar de su juventud de 223 años.

Y el mundo contemporáneo le debe mucho a este diario, o por lo menos uno de sus rasgos emblemáticos: el tipo de letra que se llama justamente así, Times New Roman, y que hoy ejerce sin rivales, o casi, una dictadura tipográfica sobre prácticamente todo lo que se escribe con el alfabeto latino en la tierra, desde los informes del Departamento de Estado hasta las traducciones al inglés de los comunicados de Al Qaeda. El 3 de octubre de 1932, en efecto, se estrenó la nueva letra sobre las páginas enormes del periódico, luego de que el tipógrafo Stanley Morrison, que era un genio, la hubiera pulido por más de tres años dándosela a los dueños como un verdadero milagro que había costado sudor y lágrimas y una fortuna; él mismo, en 1927, había escrito un artículo condenando la pobreza de la impresión en Gran Bretaña, y el Times había sido mencionado como el ejemplo más doloroso de mezquindad estética.

Pero ahora, como si la letra fuera poca cosa, el Times le ha hecho otro gran regalo a la humanidad, y quisiera no sólo exaltarlo sino también recomendárselo a todo el que esté interesado en la historia y en sus fuentes, o por lo menos en la dicha por descubrir tesoros hundidos en el tiempo. Desde hace meses la página electrónica del periódico (http://archive.timesonline.co.uk) ofrece la opción de ver, una por una y en su versión original, todas las ediciones desde su fundación en 1785. De manera que uno puede, con un sistema de inscripción bastante fácil y sin costo, leer por ejemplo cómo registró  la prensa de Londres, en su día, la batalla de Trafalgar o la de Waterloo, o la muerte de Dickens o la de Goya. Advierto que este invento llega a resultar más adictivo que YouTube cuando se ven los videos de Stevie Ray Vaughan, sobre todo por la inevitable “serendibia” del procedimiento (¿está sonando muy raro?): es decir que uno va a buscar algo, y siempre, mientras lo hace, encuentra todo lo contrario y más feliz.

Me acaba de pasar a mí con el artículo sobre la muerte de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho. Una noticia que en Londres fue dada con 10 días de retraso y “gracias al correo que de Colombia sube a Nueva York”.  Lo interesante, sin embargo, no es que el Times acuse severamente a Obando por el magnicidio. Lo interesante es la noticia de al lado, un caso de “seducción” y misterio que por entonces tenía en vilo a toda Inglaterra. Los tiempos no han cambiado.

Envíe las dudas o anécdotas históricas que quiera aclarar o averiguar a [email protected]

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