La política en el mundo atraviesa un momento dramático por cuenta del populismo. Ese populismo se caracteriza por oponerse, sistemáticamente, a todo lo que hacen los gobernantes de turno, con el fin de generar desesperanza en la sociedad y, a partir de ella, construir un discurso electoral vendiéndose como una especie de mesías, lanzando irresponsables promesas imposibles de cumplir, pero fáciles de decir." }

Los Tres Chiflados

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La política en el mundo atraviesa un momento dramático por cuenta del populismo. Ese populismo se caracteriza por oponerse, sistemáticamente, a todo lo que hacen los gobernantes de turno, con el fin de generar desesperanza en la sociedad y, a partir de ella, construir un discurso electoral vendiéndose como una especie de mesías, lanzando irresponsables promesas imposibles de cumplir, pero fáciles de decir.

Ese populismo ha llevado a que incluso países muy importantes sean gobernados por payasos disfrazados de estadistas. La política se ha convertido en un caldo de cultivo donde pululan los populistas. No importa si se trata de países en vía de desarrollo o no; da igual. El populismo no respeta fronteras, ideologías, nivel cultural o índices de riqueza, pues electores incautos son lo que sobra.

En América son varios los ejemplos de gobernantes que, gracias al populismo, han llegado al poder. La lista es larga y la conocemos todos. Es decir, no es un fenómeno tan nuevo ni tan aislado. Los populistas, aunque producen risa, gobiernan. Son una realidad política.

Nunca como ahora el bienestar continental había estado tan amenazado. Estados Unidos, México y Brasil, que representan las tres más grandes economías del continente, están en manos de sendos populistas, quienes, en el peor momento de la historia reciente de sus países, han sabido confirmar, y con creces, lo que todos sabíamos de ellos: que son unos payasos y que están más locos que una cabra.

No habría espacio para transcribir lo que cada uno por su lado ha venido diciendo del coronavirus, pero, resumiéndolo, a todos les ha parecido una gripita, algo que no merece ni un tapabocas, que no impide ir a restaurantes, abrazarse o besarse, y que, en todo caso, se quita untándose o tomando desinfectantes, o encomendándose a cualquier virgen. Gracias a esa “visión”, Estados Unidos, México y Brasil viven hoy una dramática situación, convirtiéndose, además, en grave peligro para todo el continente, pues son tres de los países que, a su vez, más muertos registran por cuenta de este atroz virus.

Para Colombia esa situación es particularmente grave, pues se trata de las economías líderes del continente con las que, en buena medida, se tienen las más importantes relaciones comerciales y algunas de las más activas fronteras aéreas.

Trump, López Obrador y Bolsonaro todos los días nos hacen recordar a Los Tres Chiflados, ese grupo de cómicos que por varias décadas hicieron reír a los televidentes como fieles representantes del “humor absurdo”, un tipo de humor que recurría a las situaciones más irracionales, disparatadas o incoherentes para robarles la risa a sus fans.

Estos Tres Chiflados modernos (Trump, López Obrador y Bolsonaro) también acuden al denominado “humor absurdo”, diciendo tontería tras tontería, alejadas totalmente de la realidad, pero con la diferencia de que los originales Tres Chiflados pretendían robarse la risa de sus fans, mientras que estos Tres Chiflados modernos lo que terminan robándose es la vida de decenas de miles de sus propios electores. Es ahí donde los supuestos mesías se confunden con los genocidas.

Posdata. Bolsonaro, en la vida real, se llama Jair Messias Bolsonaro.

 

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