Por: Sergio Otálora Montenegro

Los truquitos de Uribe

Estos últimos días han sido la vitrina perfecta para exhibir los truquitos del presidente Uribe y su gobierno al borde del abismo.

Hay de todo, como en botica: amenazas veladas a la Corte Suprema de Justicia, reuniones a puerta cerrada para cocinar un tribunal “independiente”, que salve el pellejo de los congresistas encartados, llamados patrióticos a “reelegir” la seguridad democrática, malabarismos y ambigüedades, como pedirles a los magistrados que no den saltos al vacío, y al mismo tiempo jugar con “entes” paralelos, sin consideración alguna por la  Constitución y la ley.

Pero así es: ya sabemos que el tejido de la reelección de 2006 fue resultado del más crudo clientelismo. Mientras, los directos implicados se envuelven en la bandera nacional: “falsedades”, “calumnias”. Nada nuevo.

Ahora, para que no queden dudas del amplio repertorio del que ha hecho gala el primer mandatario y su gabinete, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos,  aparece con otra pirotecnia: el locuaz computador del finado Raúl Reyes nos revelará la “impresionante” relación entre políticos y las Farc, connivencia que promete ser  “igual o más grave que la parapolítica”, según ha sentenciado el agudo halcón de Palacio.

El viejo truco de siempre, por supuesto. Irse a las cuerdas, tomar un poco de oxigeno, desviar  la atención nacional e internacional ante una avalancha política que parece imparable. ¿Por qué en este momento se arma el tinglado de la manguala entre “prestantes hombres y mujeres de la vida nacional” y la subversión?

Una cosa es clara: aquellos que con dedo acusador en el Parlamento, y con motosierra criminal en las zonas rurales manejadas por sus cómplices de las AUC, denunciaron a la Unión Patriótica y señalan a dirigentes de izquierda de tener un pie en la legalidad y otro en las trincheras de la sedición, son los mismos que firmaron pactos o recibieron dinero de narcoparamilitares para lograr sus propósitos de dominio electoral. La combinación de todas las formas de exterminio…por supuesto: aniquilamiento físico y, por lo tanto,  político, por sustracción de materia.

Por los primeros indicios de las supuestas pruebas del portátil del Reyes, Piedad Córdoba parece ser el objetivo. Judicializar sus acercamientos a las Farc. Poner en la misma balanza sus contactos con esa organización al margen de la ley y los de Rocío Arias con líderes de las autodefensas. Pasarle a la díscola congresista chocoana una larga cuenta de cobro.

Pero la jugada puede ir más lejos. ¿Quieren demostrar que hay congresistas financiados y llevados al Senado y Cámara por la fuerza de las armas en las zonas de influencia de Marulanda y sus hombres? ¿O que autoridades regionales, en territorios dominados por las huestes de Tirofijo, se hicieron las de la vista gorda, gobernaron a favor de estos grupos ilegales o se sometieron a sus propias leyes de facto?

Este podría ser un truco con varios pliegues: abrirle un nuevo frente a la Corte Suprema o a la Fiscalía, golpear de paso la legitimidad de la izquierda o de las organizaciones sindicales (si la información del computador de marras menciona a uno o varios de sus dirigentes), profundizar el aislamiento político de las Farc, y manipular a las clases medias urbanas, que llegarán a la conclusión meridiana de que son más graves los tentáculos políticos de la guerrilla que las masacres y asesinatos selectivos, en los que está sustentado el poder de los congresistas cómplices de los escuadrones de la muerte.

Y entonces el círculo se cierra: es menester un tercer mandato providencial ante semejante amenaza. Todo esto, claro, si la información contenida en el computador del  guerrillero muerto el primero de marzo es relevante y  comprometedora. (Entre otras cosas: ¿por qué no llega la certificación de la INTERPOL?)

A pesar del muñequeo, la crisis es inatajable. A diferencia del proceso ocho mil, que convirtió a la Fiscalía en un bastión de los “conspis”, y que demostró las profundas limitaciones de la institucionalidad colombiana,  en particular de su Congreso y su Comisión de Acusaciones, esta vez la Corte Suprema de Justicia cumple su papel a cabalidad, y ojalá la euforia antiuribista no pretenda convertirla en punta de lanza de la oposición. Sería un desastre.

Por lo pronto, el asunto paramilitar ya tocó a las puertas de Palacio. La entraña del uribismo está bajo el escrutinio de la justicia, mientras que el presidente afirma, sin pudor,  que semejante “hecatombe” se gestó y ocurrió antes de que él llegara al poder. Lo concreto es que el famoso 84 por ciento de popularidad del presidente, con un Congreso como el que tenemos, y con un sector importante de los partidos oficialistas sub-judice, no deja de ser un saludo a la bandera, algo tan importante en términos políticos como el rating de una buena telenovela.

Entonces, los trucos no son sino eso: efectos de utilería. Mientras tanto, siguen asesinando sindicalistas, se agudiza (si cabe) el desplazamiento, tenemos uno de los gastos de guerra más grandes del mundo,  los ojos de la comunidad internacional miran cada vez con más sospecha la propaganda oficial de que aquí hemos parido una nueva era de la mano de la seguridad democrática. Esa es la gran debilidad de todo poder en entredicho: que quiere tapar el sol con las manos.

 

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