Por: Yohir Akerman

Los vicios del vice

Después del lamentable desmayo que sufrió el Vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras, cuando estaba dando un discurso en la población santandereana de Floridablanca, es importante unirse a las voces de solidaridad por su total mejoría y de apoyo a su familia y a sus cercanos. Eso es claro.

Sin embargo, también es esencial establecer que uno de los elementos más importantes de la transparencia dentro de una democracia es el estado real de la salud de sus gobernantes. El vicepresidente es el segundo cargo más relevante en ese listado, más aún cuando es una opción presidencial para el 2018. Por eso su desmayo y su estado real de salud es crucial.

Según el parte médico que se conoció el 2 de diciembre, el vicepresidente ingresó a la clínica Carlos Ardila Lulle luego de presentar un cuadro convulsivo “asociado a una lesión estructural cerebral antigua y benigna, acentuada por su excesiva carga laboral de los últimos días”. (Ver Vargas Lleras se desmayó por exceso de trabajo)

Según lo estableció el doctor Virgilio Galvis de la clínica de Bucaramanga, el vicepresidente, para mejorar, tiene que cambiar su estilo de vida, principalmente no excediendo su actividad laboral. (Ver Estilo de vida de Vargas Lleras)

No más trabajar, trabajar y trabajar.

Y aunque es claro que Vargas Lleras es una maquina laboral, el problema va más allá. Lo que no dice el parte médico, ni el grupo de médicos que lo atiende, es que el vicepresidente es conocido por sus cercanos, empleados y amigos por ingerir alcohol de manera recurrente; manejar niveles de tensión que se demuestran en estrés, gritos y alteraciones agresivas de su conducta y fumar en exceso, incluso en los lugares en los que está prohibido hacerlo.

Varios ejemplos.

El 9 de diciembre de 2011 se conoció que, en ese entonces como ministro del Interior, Vargas Lleras fue protagonista de un desagradable incidente en un restaurante de Cali. El funcionario se sentó con varios amigos en El escudo del Quijote, un conocido restaurante del sector de El Peñón y en medio de la conversación, el ministro encendió un cigarrillo. Aunque fue abordado rápidamente por una mesera, quien le dijo que en el lugar estaba prohibido fumar, el ministro ignoró el pedido y siguió fumando. (Ver Usted puede ser el ministro del Interior, pero no el ministro de este restaurante)

El 5 noviembre de 2012 el entonces ministro de Vivienda Vargas Lleras indignó a los caldenses por su manía de fumar sin importarle quienes estaban a su alrededor. El diario La Patria publicó que Vargas Lleras en una de las sesiones de la Cumbre de Ciudades Capitales no se aguantó las ganas, y sin ningún recato prendió su cigarrillo dentro del edificio cuando conversaba con los alcaldes de Manizales, Medellín y Pasto. (Ver Foto de Vargas Lleras fumando en Cumbre de Ciudades)

Otro episodio documentado ocurrió el sábado 25 de julio de este año. Apenas apagaron las cámaras de la transmisión pública del Consejo de Ministros que presidió el presidente Juan Manuel Santos en la sede del SENA en Barranquilla, el vicepresidente prendió un cigarrillo mientras hablaba con el gobernador del Atlántico, José Antonio Segebre, y la ministra de Transporte, Natalia Abello. (Ver Video de Germán Vargas Lleras, el único servidor público que fuma donde quiera)

Los ejemplos siguen.

Pero lo importante es que esto no es sólo un mal hábito para la salud del vicepresidente, sino que en los casos expuestos también es en contra de la ley. La resolución 1956 de 2008 adopta las medidas para prohibir el consumo de tabaco bajo techo, so pena de que el establecimiento que lo permita se vea expuesto a pagar multas por esta permisividad, equivalentes a 10 mil salarios mínimos legales, decomiso, suspensión de permiso sanitario y cierre temporal o definitivo. (Ver Prohibición de fumar en sitios públicos cerrados)

Pero a Vargas Lleras no le importa.

El vicepresidente es el único servidor público que, sin importar el lugar donde esté o con quién esté, fuma violando la Resolución 1956 de 2008. La prepotencia al no cumplir la ley y su manera de manejar esos episodios, fuera de fumar grandes cantidades, son los vicios que realmente debería dejar el alto funcionario, más allá de la alta actividad laboral, la cual comparte con muchos otros líderes del gobierno y la oposición que no se están desmayando en discursos públicos.

Cualquier gobernante, sea quien sea, por el bien del país debe cuidar su salud y tener un estilo de vida saludable y ejemplarizante. Los hechos y las personas cercanas al vicepresidente aseguran que Vargas Lleras, simplemente, hace todo lo contrario.

@yohirakerman

 

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