Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Los votos cristianos

Pocas bolas le han parado los medios al nuevo movimiento cristiano que ha irrumpido en el panorama político nacional y que puede ser una gran sorpresa electoral en los comicios de este próximo domingo.

Se trata de Colombia Justa Libres, que aspira inicialmente a medio millón de votos, lo que les daría cinco senadores, un mayor número de representantes y la posibilidad de convertirse en un nuevo partido político que, si aumenta esta votación, podría ser definitivo para la elección del nuevo mandatario de los colombianos.

Las cifras que manejan los cristianos dan para mucho que pensar. Dicen que la población evangélica —para llamarla de alguna manera— es de 12 millones de personas con capacidad de sufragar. Que este movimiento cubre el 70 % de la feligresía y que su meta es sacar un millón y medio de votos, ya como partido político o yéndose con un candidato propio o apoyando a aquel o aquella que les garantice respeto por sus planteamientos que giran en torno a la defensa de la familia, lo que llaman una educación para la paz, la salud como derecho fundamental, la recuperación y protección del ambiente, un modelo económico sostenible, la lucha contra la corrupción, la defensa de la Constitución y las instituciones, la defensa de la libertad religiosa y de expresión, y la reivindicación de las víctimas.

Se trata, pues, de una propuesta seria y amplia, ya no apegada a las pláticas de sus iglesias, sino más abierta a las gentes del común sin distingo religioso alguno, que de ser copiada por los electores arrancaría con pie derecho en la vida política del país.

Colombia Justa Libres, con el león como símbolo gráfico y bajo la orientación del ingeniero industrial, doctor en Educación y pastor caleño Jhon Milton Rodríguez, puede ser —repito— “el palo” de pasado mañana, aunque en política nada está escrito. Por algo es llamada, y con razón, el arte de lo posible.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

¡Avianca otra vez!

Cacao colombiano, chocolates suizos

No atizar el fuego

Una ministra excepcional

El Hotel Estación, abandonado