Por: Gonzalo Silva Rivas
Notas al vuelo

Lotería china

Es innegable que la República Popular China ha horadado la fuerte influencia que ejercían los Estados Unidos en América Latina y, poco a poco, se perfila como un socio comercial competitivo para la región, en donde está dispuesta a impulsar una nueva era diplomática. El distanciamiento que algunos países han tomado de las directrices estadounidenses, sumado a la deserción de las relaciones con Taiwán, facilitan la apertura de espacios para el ingreso de la segunda potencia económica mundial a estos mercados.

De tiempo atrás, el gigante asiático implementa una exitosa estrategia para construir lazos con gobiernos locales, en contraste con el tono impredecible del presidente Trump, quien revierte alianzas a su arbitrio y enarbola una política de advertencias, amenazas y castigos. Los alcances de su expansión se observan en el volumen de las inversiones realizadas, cuyos montos crecen año tras año. En 2018 sobrepasó la suma de los 400 mil millones de dólares, materializada en un variado abanico de sectores, como infraestructura, energía, telecomunicaciones y agronegocios, sin contabilizar el financiamiento directo que sus bancos estatales les han otorgado a países en situación de crisis.

China se ha concentrado en América Latina, un lejano escenario hacia donde extiende su estrategia como parte del forcejeo que mantiene con los Estados Unidos, con el que desde marzo del año pasado libra una temida guerra comercial que ha puesto en ascuas al planeta entero. Algunos desafíos y dificultades, como la gran distancia geográfica, superior a los 14.000 kilómetros, y las diferencias culturales y de sistemas sociales son problemas que forman parte de sus prioridades.

El acercamiento geográfico se viene dando en el campo de la aviación comercial con la firma de acuerdos bilaterales para la apertura de rutas directas. Esta operación es altamente ventajosa, por cuanto tiene incidencia en la reducción de costos y tiempos, como sucede -en este último caso- con la disminución en más de un 30% de la duración habitual de un viaje entre ambos destinos. Dentro de esta cruzada, el año pasado el gobierno de Pekín suscribió alianzas con México y Panamá para avecinar los dos continentes; con el primero inauguró la ruta Shanghái-Tijuana-México DF, a través de la aerolínea china Hainan Airlines, y con el segundo, el trayecto entre Pekín-Houston-Ciudad de Panamá, mediante los servicios de Air China.

La presencia de las aerolíneas chinas en la región es limitada, pero promisoria, y su cobertura se extiende a tan solo a cuatro países, sumados Brasil y Cuba. En la actualidad, Air China maneja otras dos rutas, Beijing-Madrid-Sao Paulo y Beijing-Montreal-Habana, y una tercera compañía, China Southern Airlines, cubre el trayecto Guangzhou-Vancouver-Ciudad de México. Sin embargo, en la lista de espera aparecen otras grandes aerolíneas, como China Eastern y China Southern, que con paciencia aguardan señales para incursionar en el mercado latino.

De ahí que durante las conversaciones sostenidas la semana pasada entre el presidente Iván Duque y su homólogo de la República Popular China se planteó la alternativa de abrir una ruta directa entre ambas naciones para fortalecer el comercio bilateral e impulsar la cooperación turística, posibilidad que será explorada por el Ministerio de Transporte sobre la base de múltiples consideraciones, entre ellas los beneficios que irrigan los flujos del turismo asiático en el portafolio mundial.

China es el mayor proveedor de turistas en el mundo. Desde sus aeropuertos, el año pasado más de 140 millones de viajeros traspasó fronteras para explorar nuevos paisajes. Este país conforma un selecto mercado turístico de alto consumo, en el que jubilados y nuevos ricos, con suficiente tiempo y ganas de asumir experiencias, son parte fundamental de la oferta. La tasa de crecimiento anual de sus turistas se eleva en cerca del 20%, por lo que se espera que en pocos años, no menos de mil millones de personas estén empacando maletas para realizar viajes de placer en el exterior.

La ofensiva del gigante asiático para involucrarse en la región recién empezó y no está dispuesta a detenerse. No en vano el gobierno del presidente Xi Jinping le notificó hace unos meses a su homólogo Donald Trump que América Latina no es propiedad de ningún país ni tampoco es el patio trasero de ningún Estado, en respuesta al calificativo, este último, que hiciera hace cinco años el secretario de Estado, John Kerry, para referirse a las relaciones entre Estados Unidos y los países localizados al sur de sus fronteras.

El coloso asiático irrumpe de manera agresiva en el campo comercial, flameando su bandera inversionista en numerosos proyectos regionales ejecutados directamente o financiados por sus principales bancos, y se asoma en el sector turístico, en aras de penetrar con sus viajeros en un exclusivo mercado de recursos naturales y culturales. Y no son pocos los países, de aquí a la Cochinchina, dispuestos a apostarle al premio gordo que ofrece la jugosa y cotizada lotería china.

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@Gsilvar5

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