Por: Patricia Lara Salive

Lucha anticorrupción: sean consecuentes, candidatos

Como estamos en Macondo, no sorprende que los presidenciables cercanos a los personajes o partidos responsables de la corrupción, en un reciente foro sobre ética pública, hayan jurado que, si llegan a la Presidencia, ellos sí van a acabarla.

Iván Duque, por ejemplo, el candidato de Álvaro Uribe, quien en su administración tuvo escándalos de corrupción (defraudación a la DIAN, Agro Ingreso Seguro, desfalco a la salud, yidispolítica, Odebrecht, etc.) —no obstante que su promesa de campaña fue “acabar con la corrupción y la politiquería”—, dijo que se comprometía a terminar con la “mermelada” y que gobernaría “sin el computador de Palacio”, con el cual, a base de otorgar contratos y nombramientos, se asegura el apoyo de los congresistas a los proyectos del Gobierno. ¿Significa esa afirmación que Duque promete alejarse del dominio de Álvaro Uribe, quien no dudó en llevar a dos de sus ministros a ofrecerles dádivas a los congresistas Yidis Medina y Teodolindo Avendaño para que se aseguraran los votos requeridos para cambiar “el articulito” de la Constitución y posibilitar su reelección? ¿Es capaz Iván Duque de condenar públicamente ese uso de la “mermelada” por parte de su jefe, uso que tiene presos a dos de sus ministros?

Y Germán Vargas Lleras, quien con inteligencia y conocimiento habló de las normas que para frenar la corrupción él impulsó en el Congreso, como la del aumento de penas para varios delitos contra la administración pública, el Código Disciplinario, la ley que reguló la carrera administrativa, la extinción de dominio y los estatutos antitrámites y anticorrupción, ¿es capaz de desligarse de los corruptos o de los vinculados con paramilitares a los que su partido, Cambio Radical, les dio avales para que fueran gobernadores o alcaldes, y de los parientes o fichas de políticos investigados o presos por corrupción que hoy figuran en su lista?

Y el liberal Humberto de la Calle, quien dijo que las “relaciones perversas que hay entre el Gobierno y el Congreso (son) la fuente de los mayores casos de corrupción”, y que “la irresponsabilidad de quienes dirigen el país se manifiesta” en ellas, es decir, en la llamada “mermelada”, ¿sería capaz de desligarse del Partido Liberal, involucrado tantas veces en casos de corrupción? (Recordemos que esa cercanía suya con el partido es la que ha impedido que se consolide la alianza entre él y Sergio Fajardo, con quien tiene ideas afines en muchos campos, especialmente en ese fundamental del respeto absoluto a los Acuerdos de Paz).

Y el “santo” exprocurador Alejandro Ordóñez, que posa de impoluto, ¿es capaz de revelar las decenas de nombramientos que hizo para garantizar su reelección como procurador?

¡Por Dios, señores!, sean consecuentes. Como bien dijo Germán Vargas, “esto es con hechos, no con discursos”. Así que comiencen por decir la verdad y por hacer un mea culpa público, para que quede claro que es por ese afán de llegar al poder o de atornillarse en él a toda costa que han tenido ustedes o sus mentores, que no se han preocupado por hacer el filtro elemental de quiénes militan en sus filas, ni se han detenido a examinar la procedencia de los dineros que los han financiado (recuérdese el proceso 8.000 en el caso del Partido Liberal, el de Odebrecht en las campañas uribista y santista, etc.).

Principien por practicar aquello de que son los medios los que justifican el fin y no al revés y, en ese instante, empezaremos a creerles que ustedes, en verdad, lucharán contra la corrupción. Antes no.

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

 

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