Por: Ernesto Yamhure

Lucía la bandida

A PESAR DE QUE SUS PADRES Y ella misma nos han intentado hacer creer que se encontraba en el campamento terrorista por razones puramente académicas, propias de una inquieta activista de la causa latinoamericana, los hechos y las evidencias nos permiten concluir que Lucía Moret es la ‘embajadora’ de las Farc en México.

Para nadie es desconocido que la organización terrorista colombiana tiene representantes suyos en diferentes países del mundo, y México no podía ser la excepción, sobre todo por los antecedentes durante la lóbrega hegemonía del PRI, cuando en ese país ondeaba la desafiante bandera de las Farc frente a una oficina de malhechores, cuyos representantes eran Olga Marín y Marcos Calarcá. Con la llegada del gobierno de Vicente Fox, la delegación delincuencial fue expulsada, tal y como correspondía. Pero el daño ya estaba hecho; la semilla guerrillera había germinado en el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México, alma mater de la comandante Moret.

No la tiene fácil el gobierno conservador de Calderón. Muy pocos creen en la versión de la guerrillera herida, quien ha llegado al irrisorio extremo de afirmar que en el campamento de Reyes no había armas, que los únicos fusiles que vio eran los de los soldados colombianos que llevaron a cabo la operación contra el bandido dado de baja. Hay pruebas suficientes que permiten concluir que los ciudadanos mexicanos abatidos en el fortín terrorista no estaban ni de turismo, ni de paseo por la tórrida selva amazónica. No, ellos se encontraban allí dando parte y recibiendo nuevas instrucciones de su comandante supremo.

Los representantes de un par de ONG de México han dicho que cuentan, por lo menos, con 47 pruebas que demostrarían que Moret y 16 connacionales suyos formaban parte de la célula internacional de las Farc. Además, existen videos en los que aparece la mencionada “ecoturista” debidamente uniformada y recibiendo instrucción militar. Por más que ella se justifique alegando que es una simple militante del proyecto bolivariano, una vez sanen sus heridas, irremediablemente tendrá que enfrentar a la justicia.

Pero ella parece querer evadirla. Ha dicho que solicitará asilo político en Ecuador o en Nicaragua. Su padre, ese mismo que compareció ante los medios de comunicación lloriqueando y diciendo que su hijita es un alma de Dios que se hallaba en el lugar equivocado, a la hora equivocada, dio instrucciones de formatear el disco duro del computador de su travieso retoño.

Ahora les corresponde a nuestras autoridades judiciales agilizar el proceso contra Moret y proceder a pedir su extradición. Será difícil lograrlo, pues México tiene la tradición de no entregar a sus nacionales para que sean juzgados en otros países, pero este caso es de singular importancia. Se trata de la cooperación regional en la contención del terrorismo. Y será en ese momento cuando sabremos si, en efecto, el apoyo latinoamericano a la lucha colombiana es real, o es un simple discurso apaciguador.

Lo más importante en este episodio es la lección que hemos recibido. Los alfiles de las Farc en el mundo siguen campeando. Dentro de Colombia están reducidos a su mínima expresión, pero por fuera la impunidad prevalece. Llegó la hora de trazar una estrategia de política exterior tendiente a lograr el desmantelamiento de las representaciones guerrilleras en ultramar.

Así las cosas, no veo la hora de que el embajador de las Farc, el sueco Dick Emanuelsson, empleado directo de Raúl Reyes, pague con prisión por todos los delitos que ha cometido contra la sociedad colombiana.

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¿Será cierto que detrás de las acusaciones de Rocío Arias contra la presidenta del Congreso, Nancy Patricia Gutiérrez, están su ex esposo y la senadora Piedad Córdoba?

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