Por: Columnista invitado

Lula y la democracia en Venezuela

Como era de esperarse, las críticas a la reelección de Hugo Chávez en el escenario internacional fueron numerosas.

Actualmente, el debate se centra en el cambio generacional en el chavismo y en la importancia que ha adquirido la vicepresidencia por la enfermedad del presidente. No obstante, para muchos fue una sorpresa que un representante internacional de la llamada nueva izquierda como Luiz Inácio Lula da Silva hiciera críticas al respecto. En una entrevista a La Nación de Argentina, Lula aseguró que “la democracia es un ejercicio de alternancia de poder”, poniendo como ejemplo su caso como presidente del sindicato metalúrgico. De inmediato, se interpretó como una crítica a Chávez. Más allá de eso, las declaraciones de Lula tienen al menos dos significados profundos.

De un lado, que la denominada nueva izquierda latinoamericana es heterogénea y distinta de aquella que irrumpió en la Guerra Fría. La moderación que ha acompañado el discurso de la izquierda brasileña, uruguaya y hasta hace unos meses paraguaya es notoria y contrasta con la radicalidad del tono boliviano, ecuatoriano y venezolano. Ahora bien, radical no debe ser sinónimo de intransigente. No se trata de una izquierda buena y otra mala, simplemente de matices dispares.

En sus declaraciones, Lula aclara que siente simpatía por el discurso chavista, pero manifiesta su preocupación con respecto a las bases con las que queda el Estado venezolano en el poschavismo. Por ende, esta declaración debe ser leída en ese contexto. Se toma una distancia frente al chavismo y a un rasgo particular, pero se reivindica una sintonía con la izquierda venezolana en cuanto a las transformaciones sociales.

Por otro lado, es indudable que la izquierda en América Latina ha madurado. En consonancia, existe una diferencia fundamental con los gobiernos de izquierda que en el pasado justificaban, a como diera lugar, las acciones de estados de la órbita socialista. Léase la posición cubana frente a la intervención soviética en Budapest (1956) y Praga (1968). El hecho de no haber condenado estas acciones hizo que Cuba perdiera miles de simpatizantes en el mundo y evidenció la falta de autocrítica de la izquierda.

Actualmente, esta izquierda es consciente de la necesidad de que surjan críticas en su seno para denunciar errores. Durante décadas fue incapaz de mostrar madurez para verse a sí misma y evaluarse. Las declaraciones de Lula desnudan esa serenidad que le urgía.

 

Mauricio Jaramillo Jassir*  Profesor de relaciones internacionales en la Universidad del Rosario. /

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Refugio: una lotería para pocos en Colombia

Turismo sostenible, alternativa para el Amazonas

El antropoceno en Colombia