Por: Columna del lector

Macondo tendrá otra oportunidad sobre la Tierra

Por Andrés Duque Gutiérrez

El 2020 es muy especial para los amantes de la literatura y el cine porque podría ser este el año en el que empecemos a ver los primeros capítulos de la serie Cien años de soledad producida por Netflix, una adaptación de la obra del escritor colombiano Gabriel García Márquez que cuenta con el respaldo de la familia del Nobel.

A pesar de que Gabo (q. e. p. d.) nunca estuvo de acuerdo en que su novela fantástica de 350 hojas fuera llevada al cine, porque no veía posible reducir la historia de las siete generaciones de la familia Buendía a tan solo dos horas de película, Netflix adquirió los derechos de la novela y ahora se enfrenta a un reto monumental, quizás el más difícil en la producción de series: llevar la magia de Macondo, esa aldea sin salida construida por José Arcadio Buendía a la orilla de un río ubicado en algún lugar del Caribe colombiano, a todos los hogares por medio de la pantalla.

Para tranquilidad de Gabo, en cualquiera de los universos fantásticos donde se encuentre, Netflix ya no necesitará solo dos horas para poner a rodar todas las emociones de la pieza literaria, sino que bajo el esquema de capítulos y temporadas podrá utilizar todo el tiempo que sea necesario para contar la historia de esa novela encantada repleta de sucesos asombrosos, como los inventos que llevaron a Macondo los gitanos liderados por Melquíades; la muerte de José Arcadio Buendía, que permaneció atado bajo el castaño durante gran parte de su vida; la tarde en que Aureliano fue a conocer el hielo y que habría de recordar años más tarde frente al pelotón de fusilamiento; la peste del insomnio, que invadió el pueblo con una enfermedad que aniquilaba el sueño y que hacía olvidar las cosas; la belleza de Remedios, la bella, que se fue al cielo empujada por una sábana en un ascenso milagroso, como si fuera una virgen; las 32 guerras perdidas del coronel Aureliano Buendía; las conversaciones entre vivos y muertos; el tren amarillo en el que llegaron empresarios gringos para instalar la United Fruit Company y sembrar en Macondo la fiebre del banano; la revuelta sindical liderada por José Arcadio Segundo que derivó en la masacre de las bananeras; el romance de “Meme” con Mauricio Babilonia que llenó la casa de mariposas amarillas; la locura de Aureliano Babilonia, que, ignorando su parentesco, se enamoró de su tía Amaranta Úrsula y tuvieron sexo hasta el cansancio antes de concebir al último miembro de la estirpe, que nació con cola de marrano cuando ya Macondo era polvo y desgracia, y  muchos sucesos más que hacen parte de la vida de una familia que tenía su destino escrito en los pergaminos de Melquíades.

En definitiva, adaptar a serie Cien años de soledad y ponerles color, voz y movimiento a todos los personajes que hacen parte del universo mágico de Gabo es un proyecto ambicioso y arriesgado, porque en medio de la adaptación audiovisual los productores podrían apelar a la ficción y modificar fragmentos del libro original. ¡Y es válido! Están en todo su derecho de poner a volar la imaginación. Lo más importante es que la transformación sea mínima, que conserve el castellano, que no se modifiquen los nombres y que el rodaje trate de ceñirse a ese “vallenato” escrito por Gabo para que Macondo, por medio de las imágenes, tenga otra oportunidad sobre la tierra para cautivar con el mismo poder que lo hacen sus letras a aquellas personas que nunca han leído el libro.

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Macondo tendrá otra oportunidad sobre la Tierra

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