Por: Óscar Alarcón

MACROLINGOTES

Está de moda en el mundo que las periodistas tengan de pareja a quienes fueron sus fuentes.

El caso más comentado por estos días es el del presidente de Francia, François Hollande, quien tiene una relación sentimental con Valérie Trierweiler, destacada periodista en ese país y quien se ha enfrentado públicamente con Ségolène Royal, anterior pareja del mandatario y madre de sus hijos.

Hace un año se hablaba de otra relación, la de Dominique Strauss-Kahn, entonces presidente del Banco Mundial, con Anne Sinclair, periodista y multimillonaria, tanto que gracias a su apoyo económico pudo pagar buenos abogados y quedar inmune de las denuncias que contra él había presentado la camarera de un hotel de Nueva York. Si bien salió adelante en el pleito, perdió su postulación presidencial y está próximo a divorciarse de su patrocinadora.

Otro caso es el del nuevo presidente alemán, Joachim Gauck, de 72 años, quien por tener constitucionalmente menos funciones que la reina de Inglaterra, le ha sobrado tiempo para consolidar su relación sentimental con Daniela Schadt, veinte años menor que él. Con ella son pareja desde hace doce años y ahora les ha sobrado tiempo para atenderse mutuamente.

No me explico por qué nuestras muy hermosas periodistas no se ponen a la moda, haciendo retención a sus fuentes, en vez de estar averiguando por la gasolina de Corzo, el hundimiento de la reforma judicial y la reelección de Emilio Otero.

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El presidente de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, Néstor Raúl Correa Henao, me pide que rectifique lo que aquí se dijo sobre el “gran festín” con que se celebró la resurrección del organismo. Se limitaron, aclara, a repartir donas, sin que estuvieran allí magistrados ni políticos, sino empleados. Pero me aseguran mis fuentes que si bien fueron invitados sus colegas de corporación, ellos no concurrieron. Luego el presidente sí deseaba toda una fritanga, pero se conformó con las donas.

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